1917, UN HAIKU (por Augusto Sinay)


El Haiku es un tipo de poesía japonesa que generalmente se basan en el asombro, la contemplación y la observación realista o de la naturaleza. Una característica fundamental del haiku es que tiene en el total de sus tres versos 17 sílabas. Aquí un ejemplo:


La nieve que ayer

caía como pétalos de cerezo

es agua de nuevo.

Gozan 吾山 (Koshigaya, siglo 18)


1917, la película de Sam Mendes no solo comparte con el haiku el número 17 como cifra característica, son muchos más los contenidos y formas que la película toma de la tradicional poesía japonesa.


El tiempo


HAIKU: Término formado por el cruce de las palabras Haikai y Hokku, se denomina un breve poema formado por diecisiete sílabas que suele describir un suceso inmediato y evocador. 


El filósofo y traductor de Haikus Vicente Haya lo describe como “un modo poético de hacerse con los instantes”. Basho, uno de los cuatro más grandes maestros del Haiku, sintetiza este concepto sobre la temática y la construcción del haiku como: “lo que ocurre aquí y ahora”.


En 1917, El director Sam Mendes plantea una película cuyo eje formal es el tiempo. A diferencia de la literatura y la poesía donde el tiempo puede ser un recurso utilizado o no, profundizado o no (a elección del autor), sin ser condición necesaria del formato en sí; en el cine se necesita y se aprovecha el tiempo como parte esencial de su gramática y existencia. Sin embargo, no todas las películas hablan del tiempo ni lo exponen. Otras, como 1917, sí lo hacen. Para lograrlo utiliza un recurso reconocido y tradicional dentro del arte cinematográfico, una decisión estética para representar el aquí y el ahora continuo: el plano secuencia. Se tratan, más precisamente, de dos planos secuencias, es decir que cada uno de ellos se percibe continuamente y sin cortes. Como en un haiku, todo lo que vemos en la película se siente en el instante mismo, somos observadores de esa realidad efímera.


Han surgido muchas críticas al recurso del plano secuencia menospreciando la capacidad de Sam Mendes de pensar conceptualmente una propuesta estética. Sin embargo, si se analiza la película sin malicia, el plano secuencia no está utilizado caprichosamente, veremos que, aunque no sea innovador, tiene su justificación acertada en cuanto al “tiempo” (su sentido más primitivo). Y, tal vez, ese sea su mayor acierto: utilizar un recurso cinematográfico tradicional para transmitir una idea simple, no para sorprender con arrogancia. Todo es cuestión del tiempo, desde la propia trama de la película: Dos soldados deben llegar antes del amanecer a dar un mensaje, de lo contrario el hermano de uno y miles de hombres más morirán; Hasta los ribetes de la historia hablan del tiempo: esperar hasta el almuerzo, los ataques con horas determinadas, el florecer de las plantas en un momento preciso, la reciente retirada del enemigo (las brasas aún están calientes), la leche de una vaca todavía tibia (no la sentimos, pero la percibimos en los dedos de Schofield), la luz de las bengalas que se extinguen en cuestión de segundos, el río que fluye. 


Como en la bella tradición del haiku, Mendes se encarga de describir cada uno de los instantes efímeros que emocionan (o aterran) a los soldados.


Soledad


SABI: Sentimiento japonés de soledad y quietud que permite apreciar las cosas por sí mismas, algo imprescindible en el Haiku. 


James W. Hackett fue un reconocido poeta estadounidense que se destacó por su producción y estudio de haikus escritos en inglés. En uno de sus libros, describe una serie de elementos importantes para este estilo de poesía, allí dice: “Reflexiona en soledad y sereno, sobre las notas de la naturaleza”. El consejo no es aleatorio, gran cantidad de Haikus se basan en la percepción completamente personal (y por ende solitaria) del poeta. 


En 1917 se hace imágen viva el concepto de la soledad humana en torno a la naturaleza.  Es interesante cómo Mendes individualiza y separa a sus protagonistas, a diferencia de otras películas bélicas, en donde hemos visto que el factor multitudinario es partícipe de la tragedia. Aquí el director empieza y termina en la muchedumbre enorme de soldados que habitan las trincheras, sin embargo, durante el resto de la película son personajes solitarios. Desde el inicio la misión es dada solo a Blake y Schofield, debe ser para pocos ya que es la forma de avanzar más rápido. El piloto del avión que cae está solo, muere solo. Luego el cadáver de Blake queda solo. Schofield debe seguir por su cuenta. La joven francesa está sola, ha encontrado a una bebé que ha quedado sola. Incluso los alemanes, enemigos de Schofield están solos, lo persiguen de a uno y él se defiende hasta matarlos, también individualmente. La película a través de su recorrido por aquellos seres solitarios parece sugerir que, aunque la causa de todos los males es colectiva, el sufrimiento es individual. Al final de la película, luego de la escena más vertiginosa y con más gente en acción, debajo de una cueva de trinchera el comandante interpretado por Benedict Cumberbatch termina diciendo que “esta guerra se puede resolver de una sola forma: el último hombre que quede en pie”. Al verle la cara a uno de los principales en la toma de decisiones, Schofield devela que la causa de la guerra son, mucho más, decisiones individuales, de superiores que ven a sus soldados como números y ganancia. Y Mendes a lo largo de la película nos ha mostrado también, en los momentos más bellos y esperanzadores, el poder de las personas cuando se juntan: la francesa, la bebé y Schofield juntos, o cuando entre todos los soldados sacan al camion del barro o cientos de soldados escuchando en silencio una canción que los une.


Adolfo Monje, filósofo español especializado en haikus, profundiza en el concepto de soledad: “El poeta [de haikus], fundido con lo que contempla, no puede considerarse como una individualidad que observa u oye un objeto. El haiku encierra la comunión del autor con la «totalidad», de la que el lector puede participar hasta cierto punto.”


Naturaleza


HOSOMI: Sentimiento aplicado a la ausencia del yo, la impersonalidad, que el poeta debe desarrollar para identificarse mejor con la naturaleza, sin obstaculizar esa relación.


La soledad del poeta en el haiku se convierte en algo enorme ante lo sublime, esa “totalidad” en la que entran tanto el espectador como la naturaleza. Hackett también dice en sus notas: “La plenitud de la vida, no la belleza, es la verdadera cualidad del haiku.”


El haiku es reconocido por su tradición de retratar sensaciones humanas a través de la observación de la naturaleza. Generalmente cada haiku contiene un elemento natural: plantas, animales, agua, viento, frutos. Además, muchas veces este elemento representa una estación del año específica (es tan frecuente este tipo de elemento que tienen su propio nombre: kigo -季語 ).


Mendes estructura la película en una sucesión ininterrumpida de momentos únicos y de asombro que conjugan al hombre con la naturaleza. La naturaleza casi siempre toma protagonismo y se expresa en máxima plenitud, en contraste con lo atroz de la guerra. El tamaño de las ratas causa asombro y destrucción, luego en otra escena los cerezos en flor mantienen su belleza aún rodeados de cráteres; ante unas ruinas la impoluta y tibia leche de una vaca; más adelante las campanadas que retumban en el amanecer; las luces y sombras en la noche; una bebé que llora genera un hermoso pasaje, al refugio de tanta muerte; el río torrencial que salva la vida al protagonista, luego el agua se estanca ante cadáveres; el bosque calmo y el viento que trae una melodía.


Cada escena de 1917, una después de otra, son contrastadas como líneas de haikus, hombres observando, siendo absorbidos por la guerra y por la naturaleza al mismo tiempo. Así como en la tradición japonesa es tan importante lo que rodea al poeta, en la película de Mendes son tan importantes los protagonistas como el ambiente que atraviesan.




Una palabra clave


ITTAKIRI: Significa literalmente “todo está dicho, todo está ahí”. Se trata de un juicio desfavorable a un Haiku que no deja que el lector complete lo que queda silenciado.  


Estas escenas que se suceden unas a otras es fiel a la tradición del Haiku y su espíritu de no intervenir con simbolismos la observación. Borges, en sus escritos al respecto, analiza:  "Sobre / la gran campana de bronce / se ha posado una mariposa. En los haiku no hay metáfora, no se compara una cosa con otra. Es como si los japoneses sintieran que cada cosa es única. La metáfora es una pequeña operación mágica. Hablamos por ejemplo del tiempo y lo comparamos con un río, hablamos de las estrellas y las comparamos con ojos, la muerte con el sueño. En la poesía japonesa se busca el contraste. Vemos el contraste entre la perdurable campana y la mariposa efímera.”

Estableciendo una continuidad con la idea de Borges, Hackett dice: “Nunca uses alusiones oscuras: el haiku es intuitivo, no intelectual”.


En 1917 este concepto es ley. La película, escrita por el mismo director junto a Krysty Wilson-Cairns, es también intuitiva en su recorrido y en sus textos. Casi siempre durante el film los personajes hablan sobre lo que ven, y lo que dicen no son reflexiones premeditadas, son espontáneas de observadores presentes.


En algunas escenas, la observación intuitiva, alejada y efímera como las de un haiku, es compartida por los protagonistas con los espectadores. Por ejemplo, cuando Schofield y Blake miran la pelea de aviones enmarcada entre campo y cielo. O cuando Schofield y unos cuantos soldados miran por la parte trasera de un camión, como si fuese una pantalla y ellos en sus butacas, lo que ven es el camino que se aleja, también se aleja su colega muerto. El pasado se escurre rápido detrás de la camioneta. 


Octavio Paz, otro referente de la teoría del Haiku, establece una idea más concreta sobre esto: "La poesía de Bashoo no es simbólica: la noche es la noche y nada más. Al mismo tiempo, sí es algo más que la noche, pero es un algo que, rebelde a la definición, se rehúsa a ser nombrado. Si el poeta lo nombrase, se evaporaría."


Mendes habla de la muerte y la muestra, pero nunca la nombra, como los soldados en el camión viendo el cuerpo de Blake alejarse. Pero también hemos visto a Blake morir al frente nuestro, los cuerpos de soldados descomponerse, y toda la misión se basa en evitar la muerte. Sin embargo, nadie la nombra, ni siquiera al final, cuando Schofield quiera anunciarle lo que sucedió al hermano de Blake, al lado de una carpa de médicos con soldados peleando por su vida, bastará un silencio, la palabra se desvanece entre tanta realidad.


Armonía


KAIBUN: Palíndromo, es decir, poema en el que la secuencia silábica es la misma si se lee desde el principio y desde el final. 


Uno de los conceptos claves en el haiku es la Armonía. Por eso su forma principal son 3 versos de 5-7-5 sílabas, lo cual le da circularidad. Esta estructura armónica caracteriza al haiku con una finitud que genera una sensación de efímero, instantáneo y presente, como vimos en el primer punto. Incluso es común que se realicen Haikus llamados Kaibun que puedan leerse de atrás para adelante también, empezando por el último verso.


La estructura de 1917 es precisa, simétrica y circular casi como un Kaibun. Los personajes empiezan dormidos bajo un árbol, cruzan las trincheras repletas, cruzan un campo con cadáveres, ven los cerezos en flor, Schofield guarda la leche de la vaca, muere Blake, y cuando Schofield se desmaya el círculo comienza a cerrarse: donde estaba la muerte de Blake hay un bebé, que toma de la leche que Schofield encontró, en el río caen las flores de los cerezos, de vuelta cruza por cadáveres que ahora están en el agua, hasta llegar otra vez a trincheras repletas, cumplir su misión y descansar bajo un árbol.


Tal vez el elemento más notorio para cerrar este círculo armónico son los cerezos en flor, de los que hablan cuando los ven al principio, como copos de nieve, Blake es un conocedor gracias a su madre que tenía cerezos en su casa. Más adelante, con Blake muerto, las flores de cerezo caen sobre Schofield, quien tendrá que escribir a la madre de Blake para darle la noticia. En japón, la flor de los cerezos es símbolo de lo efímero de la vida: dura tan solo una semana, es por eso que los poetas le han dedicado miles de haikus.

Un haiku referente del estilo palíndromo “Kaibun”, del autor Ryokan Taigu (1758-1831), dice:


散る桜残る桜も散る桜 (chiru sakura / nokoru sakura mo / chiru sakura)

Caída de los cerezos en flor

los que se quedan

también caerán.


1917, 2020


En el fin de una década cargada con tramas, subtramas, planos cada 3 segundos, colores

vivos, sagas de más de seis películas, una década en donde “más es mejor”, aparece la película de Sam Mendes que se nutre de la tradición oriental para romper con sencillez la, ya bastante gastada, fórmula cinematográfica contemporánea. 


Como un poeta de haikus escribe con tinta y una caligrafía impoluta los “kanjis”, Mendes junto a Roger Deakins y su cámara como pincel sensible y preciso esculpen unos versos que quedarán en la historia del cine.

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