El derrame de Corea del Sur


Este año ha sido un gran año para el cine. Disculpen si repito palabras pero para que reemplazarlas si me sirven para expresar lo que quiero expresar. Aunque no suelo hacer listas porque detesto cuando lo deportivo se inmiscuye en el arte, debo decir que “Joker”, “Ad Astra”, “Rocketman”, “Ford vs Ferrari”, “Richard Jewell”, “The Irishman”, “Marriage Story” y “Blinded by the light” confirman mi teoría que el cine “del medio” o aquel que cuenta historias originales que valen la pena ser contadas parece reflotar del océano de mierda en el que se hallaba sumergido el cine contemporáneo. Este mar de bosta no solo incluye al cine de Hollywood sino también al de ensayo en donde suelen bucear los “auteurs” europeos, orientales y algun latinoamericano si hay cupo. Ese cine de contemplación que tanto gusta en las quincenas festivaleras y que luego se transforma en calabaza al finalizar la vernisage. Pero este año hasta ese cine tuvo su redención gracias a “Parasite” de Bong John Hoo. Cabe señalar que no soy para nada fan de su filmografía. Ni “The Host”, ni “Okja” y mucho menos “Snowpiercer” me parecieron demasiado. Pero con “Parasite” el señor se redime y cuenta el problema con el “Capital” como pocas películas lo han hecho y encima de un modo excepcionalmente divertido. “Divertido” es una palabra que odio pero muchas veces me sirve para expresar cierta sensación de goce, de disfrute redentor que el alma experimenta con el impredecible transcurrir de una obra de arte. Porque “Parasite" narra con maestría, precisión y muchísima originalidad el sistema de poronga que rige nuestras vidas, nuestras creencias y nuestra imposibilidad de alcanzar la prosperidad. No es que el comunismo me parezca una maravilla, todo lo contrario, me parece una aberración ideal para seducir a tristes hijos de ricos pero ese es otro tema y ojalá algún día un director con el talento de Bong Joon Hoo se atreva a cuestionarlo. Pero volviendo al tema; Corea del sur es el éxito del capitalismo. Es el modelo que los jóvenes maravilla egresados de las mejores universidades americanas nos ponen como “ejemplo” a la hora de argumentar que el único camino posible es el del “capital” . “Miren a Corea del sur y miren a corea del corte … comparen” suelen decirnos los emprendedores exitosos. A los que no creemos ni en el milagro de la pujanza de Corea del Sur ni en la utopía orwelliana socialista de Corea del Norte se nos suele calificar como “coreanos del centro”. Ni fu ni fa, somos la nada. Los talibanes de uno y otro bando suelen acusarnos de blandos , de amorfos ideológicos, de no tomar partido por nada. No se que pensara Joon Ho de estas divisiones y categorías pero de lo que estoy seguro es que “Parasite" trasciende a Corea y habla del estado de las cosas en el mundo actual. Un mundo sin trabajo donde no queda otra posibilidad que servir y limpiar el culo del amo que te da una propina por mes. Para Joon Ho la sociedad del milagroso capitalismo coreano es medieval. No hay clases medias ni la mas remota posibilidad de ascenso social. Lo único que queda es tratar de falsear un currículum como quien falsifica un pasaporte para llegar a limpiar la mansion de una excéntrica y caprichosa familia de clase alta. Eso es lo mas alto que se puede subir en la pirámide del capital y para llegar allí hay que utilizar las mismas habilidades que un parasito. Engañar, mimetizarse, ocultarse por debajo de la piel, fingir ser parte del mismo organismo y al mismo tiempo ir comiendo parte de el. Por momentos desconfié profundamente de la premisa que se me estaba contando. Ciertas escenas con toques de cartoon a lo Tarantino parecían errar la precisa ejecución de la magnifica idea conceptual que se pretendía contar. Porque Parasite es una de terror pero también es una sátira política y un drama familiar. Todo a la vez. Y en esa combinación y mixtura de generos siempre esta el peligro de todo realizador : el pifie del tono. La gran Pauline Kael decía que el problema con la sátira es que nunca se toma en serio a sus personajes por lo tanto nadie importa demasiado en el transcurso de la historia. Hay como un desdén por todos los humanos que habitan este tipo de relatos. Eso le pasa a Tarantino en el final de la cuasi magistral “Once Upon a time in Hollywood” y eso siempre esta por pasarle a este tipo de películas, pero cuando esta a punto de caer en la parodia burlona Jon Hoo pega el volantazo para que podamos sentir compasión y misericordia por esta familia de miserables desesperados.

Porque “Parasite” es una historia de supervivencia en el medio de la catástrofe nuclear del capital. Es como ver al naufrago de Tom Hanks habitando un refugio de una mansion minimalista.

Hay algo de “El ángel exterminador” de Buñuel, de la brillante ironía de las comedias negras de Billy Wilder, de la arquitectura visual de Jaques Tati en “Mon Oncle” y hasta uno podría encontrar una referencia a “Casa tomada” de Cortazar pero con el punto de vista inverso. Esta película no trata del miedo de los ricos a la clase baja sino del miedo de los pobres a sus amos. Ellos son los que nos someten y nos transforman en los monstruos inhumanos y rastreros que somos a lo largo de la única vida que nos toca vivir. Ellos son sin lugar a dudas el verdadero parasito mal criado que nos devora como individuos y como cuerpo familiar. Finalmente luego de una escena dantesca, operística y desmadrada uno de los protagonistas llega a una sola conclusión : la única forma de liberación es transformarnos en lo mismo: ser ricos. Delirante, maldita, irreverente y profundamente triste; así es “Parasite” : un nuevo clásico en el firmamento.

 

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©2019 por Cristian Mariano Bernard.

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