EPISODIO 17: Con nosotros no funca



Regresados fue una película maldita o maldita película?. No lo sabría decir. La he visto varias veces. Algunas veces me pareció mucho mejor que 76 89 03 y otras no me gustó nada. Entre que estrenamos 76 y el estreno de Regresados habían pasado 8 años. Tardamos mucho en pensarla, financiarla y sobre todo en estrenarla. Los mismos que nos abrían las puertas por 76 y nos decían que estaban interesados en nuestra próxima película, un año después no nos respondían los llamados. El tema de esta película que tanto habíamos tardado en cranear en el momento del estreno parecía fuera de época. El 2001 y el saqueo de los bancos a los ahorristas eran muy recientes para el público argentino siempre ávido de falsas esperanzas y películas libres de pálidas.

Para cuando estrenamos nuestra nueva desventura coral nadie quería escuchar ni ver nada referido a ese año de mierda. Pero nosotros; kamikazes profesionales, allí fuimos. Déjenme rebobinar el cassette del tiempo para llegar a entender como se nos ocurrió hacer esta película que tantas amarguras nos trajo. El mismo año que 76 89 03 recorría festivales; Flavio y yo tratábamos de idear como sería nuestro siguiente paso. Primero quisimos hacer una película sobre un crítico que sufre narcolepsia y se queda dormido en las privadas y que es asesinado por un director que recibe una mala reseña suya. La idea nos parecía genial y se basaba en una leyenda urbana que habíamos escuchado que contaba que el Indio Emilio Fernández, mítico director mexicano, había cagado a tiros a un critico. Cuestión que al cabo de varios meses de ir y venir con la idea no le encontramos la vuelta. Queríamos hacer una película de venganza contra todos los miserables hijos de puta que nos habían mancillado y sobre todo contra los muchachos del Amante pero también sabíamos que si el guión sobre el asesinato de un crítico no era brillante nos iban a caer encima con todo el poder de artillería que por entonces tenían y que gracias a dios y a las redes hoy se les licuó.

Luego de abandonar esta idea pensamos en hacer un 76 femenino. Queríamos lograr lo mismo que con nuestra primera película, la oportunidad de poder conocer en intimidad el imaginario femenino casi como si estuviéramos escondidos en un placard escuchando hablar a un grupo de amigas. Hicimos un trabajo antropológico con mas de 100 horas de grabación de entrevistas a mujeres. Queríamos tratar de descubrir aquellos misterios femeninos que tanto nos cuesta desentrañar a los hombres pero tampoco le encontramos la vuelta.

Por aquellos años con Flavio habíamos visto Magnolia de Paul Thomas Anderson y nos había volado la cabeza, un poco mas a mi que a Flavio, pero lo que nos fascinaba a ambos era lo coral de la película. Había otras películas corales como “Short Cuts” , “Nashville” de Altman o “Grand Canyon” de Kasdan, pero PT Anderson había alcanzado un nivel poético visual sobre la desoladora vida de los habitantes de Los Angeles que ningún otro director alcanzó. Flavio además amaba los relatos cortos; sus excelentes cortometrajes son una prueba de esto y que mejor que hacer una película compuesta por varios relatos cortos que se encadenan. Había otra película que amábamos y que siempre salía en nuestras conversaciones que era “Reencuentro” de Lawrence Kasdan. Nos gustaba la idea de hacer una película generacional que combinara varios géneros y tonos y que todo saliera a partir de una reunión de viejos amigos. En lo personal yo quería hacer un film sobre nuestra generación que fuera tan poderosa, divertida y amarga como “American Graffity” ,“Dazzled and Confused” o incluso “Easy Rider”. Necesitábamos una película que dijera “la cagamos”. Eramos sin duda una generación perdida que merecía una película que contara la sensación de abatimiento y carencia de sueños que tanto nos caracteriza. 76 un poco lo había hecho pero necesitábamos ir mas al hueso. Y como si dios u el orden planetario hubiesen escuchado mi necesidad narrativa justo en ese momento recibo una invitación de mi colegio para una reunión de egresados. Debo reconocer que no suelo ir a este tipo de eventos porque no guardo ninguna nostalgia por esa época y a los pocos amigos por los cuales tengo un particular cariño los sigo viendo bastante a menudo. Pero por el cine soy capaz de renunciar a cualquiera de mis fobias y hacia esa misión me acometí. La primera parte de la reunión consistió de la siguiente manera : el mismo jefe de celadores de nuestra adolescencia nos tomaba lista, y cuando uno escuchaba su nombre debía decir “presente” y contar su historia desde que dejó el colegio hasta ese mismo día. Casi todos mis excompañeros , y me incluyo en este listado, relatamos todos nuestros top hits profesionales hasta la fecha. Todos menos uno: Tomas. Tomas tenía el mismo apellido de un arquero mundialista y nunca habíamos sido demasiado amigos. Pero su breve relato de su vida y sus años fuera de cuadro de la mía me conmovieron por su honestidad brutal. De todos los que estábamos ahí fue el único que dijo la verdad. Conto que se había recibido de contador ( creo ) y que el mismo día que se recibió le entrego el titulo a sus padres y les dijo que a partir de ese mismo día solo se dedicaría a su gran amor. Tomas narro con lujo de detalles su dedicación hacia la música y que ahora si bien no era Keith Jarrett tocaba el piano en restaurantes y era feliz. Quiero aclarar que yo también me cagué en los mandatos y elegí al cine en vez de la aviación pero a diferencia mía Tomas no chapeo con nada esa noche. Fue en ese momento que pensé que el podría ser uno de los personajes de nuestra próxima película. Hacía un par de semanas había ido a comer a un restaurante polaco de Palermo donde un notable pianista tocaba hermosas piezas jazzísticas sin que los comensales desviaran su atención de sus suculentos goulash. Eso mas la historia de Tomas, mas algunas situaciones que había atestiguado durante la reunión fueron suficientes para al día siguiente reunirme con Flavio y decirle que tenía la sospecha de que el punto de partida de nuestra película podía llegar a ser una reunión de ex alumnos como a la que había asistido el día anterior. A Flavio le gusto el puntapié y ahí nomas comenzamos a esbozar potenciales historias. Queríamos mezclar géneros, tonos y por supuesto queríamos que todo sucediera en una sola noche como 76 89 03. A las pocas semanas estábamos sumergidos en la escritura que fue mucho mas larga e intrincada que la de nuestra primera película. Necrópolis, como se llamaba hasta ese momento, debía tener un mono tema que era : “el mundo no se rige por los méritos” y por ende creíamos que todas las historias debían terminar mal. Esa sería nuestra brújula inicial. Una de las historias trataría sobre bullying y un caso que Flavio me había contado sobre un compañero de apellido “Pequeño” que el conoció. Por otro lado a mi me interesaba que el buleador fuera un ex rugbier. Este encararía la tortuosa misión de ir a la reunión con el solo objetivo de recibir el perdón del compañero al que torturó durante toda la primaria y secundaria. El rugby siempre había sido una obsesión para mi. No porque me gustara sino porque viví muy de cerca los supuestos “códigos y valores” de ese deporte ya que muchos de mis compañeros de colegio lo jugaban. En aquel entonces el rugby era como una secta donde si eras miembro recibías todos los beneficios de “pertenecer” a ese mundo de coraje, entrega y testosterona ultra concentrada, pero si no eras parte de la religión eras poco menos que un renacuajo débil y comunista infectado de tifus. Realmente el “mundo rugby” de los años 80 era lo mas sectario, clasista, homofóbico y racista que podía haber. Era un mundo donde muchos “González, Martínez, Garcías y Pérez” de clase media alta urbana mandaban a sus hijos a jugar ese deporte con el único objetivo de codearse y hacer “contactos” con otros padres de apellidos compuestos de mayor alcurnia. Era el maridaje interesado de los hijos de los grasas industriales con guita con los hijos de los ganaderos aristócratas venidos a menos que tanto se vio durante el menemismo y el marcrismo y que el planeta rugby tan bien fusionaba. Durante los partidos uno podía y aún puede ver a esa maravillosa mixtura de castas sociales haciendo lobby mientras sus hijos sufren contusiones cerebrales. Pero por sobre todas las cosas los pibes que jugaban al rugby se creían superiores y esta sensación de “superhombres” los hacía brutales. Una noche fui victima de la brutalidad de una de estas manadas de pitbulls pero no quiero contarlo porque probablemente algún día sea el tema de una película mía. Quiero dejar en claro que para mi el cine no es solo un medio poético donde solo expreso mi preocupación por lo vacuo y fútil de la existencia sino también es un espacio de venganza. En todas mis películas y en todos mis guiones siempre hay un sutil y a veces no tan discreto acto de revancha. En este caso Regresados y la trama del rugbier Lacrose con “s” eran mi forma de devolver el golpe a todos esos hijos de puta que se habían creido superiores.

La otra historia debía ser una historia de amor interrumpido por el paso del tiempo, algo que tenía que ver con mi historia personal pero con una particular diferencia que es que en la película el amor termina inconcluso y en mi vida no. Por último la tercer historia era una de tres amigos, dos mediopelos que se reencontraban con el “exitoso” del grupo y que giraba en torno a la envidia que estos profesaban por el winner.

A los seis meses de haber empezado a escribir teníamos una primera versión bastante digna. Pero un hecho inusitado ocurrió en el medio. La crisis del 2001 destrozo todo, pateo todos los tableros y lo primero que pensamos es que nos sería imposible hacer una película que pasara por alto este terremoto político, económico y social. Cualquier intento de no narrarlo sería como hacer ficción para Dinamarca. Muchos lo hicieron con películas festivaleras sobre los dramas anodinos de jóvenes ricos y tristes de Palermo pero nosotros no y decidimos re escribir todas las historias bajo el contexto del 2001. De hecho, uno de los tres personajes de la historia de los amigos termino siendo un banquero que venía a liquidar activos en el medio del corralito mientras sus dos amigos de la infancia intentaban secuestrarlo para salvarse de la crisis.

El 2001 para mi es un momento crucial de la historia argentina. Un suceso que trituró todos los contratos sociales. Si el estado y el sistema financiero violaban y tiraban por la borda todas sus obligaciones para con la comunidad de ahí en mas nada tendría ningún tipo de valor; ni la palabra entre amigos, ni un contrato de alquiler, ni una póliza de seguro, ni nada. Se abrieron como nunca antes las puertas del famoso sálvese quien pueda que liquidó amistades, lazos familiares y relaciones matrimoniales. En Regresados todos los personajes debían tener el dilema de o salvarse económicamente o bien espiritualmente. Esa debía ser el conflicto de cada uno de los protagonistas que recién se resolvería en el ultimo acto de la película . Por eso insisto que tocar el año donde se violentaron todos los contratos sociales no debía ser un tema menor. Debía ser el eje para narrar la descomposición ética y moral de nuestra comunidad. En Regresados no iban a haber héroes ni victimas. Todos y cada uno de los personajes debían ser responsables de sus fracasos y de tirar por la borda esa gran segunda oportunidad que sucede en la noche en que transcurre la película.

Para cuando terminamos el guión comenzamos a barajar posibles protagonistas. Nuestro sueño era que estuviese interpretada por un reparto de primeras figuras. Diego Peretti sería el personaje del pianista, Gabriela Toscano sería Melina, Gaston Pauls , Leonardo Sabraglia y Diego Perez conformarían el trío de amigos, Fabian Vena sería pequeño. Esas eran nuestras primeras opciones y allí fuimos a buscarlas. A muchos de ellos el guión le encanto y de hecho llegamos a tener reuniones para hablar de los personajes y del tono de cada historia. Al mismo tiempo pensamos que la película debía tener un soundtrack poderoso que resumiera la juventud perdida de los personajes. Toto, Billy Joel, Supertramp, ELO, The Police serían parte de la banda sonora que acompañaría las aventuras de nuestros antihéroes. Cada canción debía resumir el espíritu de cada uno de ellos . De hecho, hicimos varias copias en CD con el soundtrack como suplemento del guión y los dejamos en todas las principales productoras de nuestra industria pero nadie nos respondió jamás. Ni bola. Nada. O mejor dicho si. Patagonik nos entrego una suerte de informe de sus scripts doctors que todo lo medían con el manual de Syd Field en la mano cuestionando la estructura de la película porque los plot points no encajaban en las paginas 24 y 70. EL veredicto por supuesto fue: “no nos interesa”. De todos los lugares y productores a los que le dejamos el guión, solo Carlos Sorin nos recibió y nos dijo que las historias le habían gustado y que estaba dispuesto a financiar la película con una sola condición. Debíamos filmarla con una cámara que el acababa de comprar en Estados Unidos. Eran los comienzos de la alta definición y Carlos abrió un maletín que parecía el de un fusil de un francotirador y sacó una camarita SONY HD. Nos dijo que ese era el futuro mientras hablaba por celular con un banco por un problema con sus tarjetas de crédito. La conversación fue tan inconexa y disparatada que salimos pensando que lo mejor era buscar el financiamiento por otro lado. Hoy y visto a la distancia debo reconocer que Carlos fue el único que nos dio bola y a veces pienso que nosotros, hijos del fílmico no la vimos venir y que el tenía toda la razón. Después de esta experiencia una persona mas de la industria se digno a recibirnos para darnos su opinión sobre el guión. Luis Scalella nos recibió en su oficina de Argentina Sono Films y nos dio un consejo de 4 palabras que desatendimos y que creo que contenía una de las principales razones de por que a la película le iría tan pesimamente horrible como le fue en su derrotero hasta llegar a las salas. “Terminen una historia bien muchachos” nos dijo Luis con todas sus horas de vuelo como productor. “Una sola”- nos rogo y luego de eso nos fuimos por la puerta de su oficina convencidos que no íbamos a ser caso a su propuesta y que la financiaríamos por nuestra cuenta oficiando nosotros de productores ante el INCAA. A partir de esto decisión comenzó una cadena de desastres de todo tipo que determino no solo el futuro de la película sino de nuestras propias carreras. Los efectos colaterales de estas decisiones siguieron resonando hasta hace muy pocos años, pero no me quiero adelantar a esa ultima catástrofe sin antes contarles lo que fue poder terminar esta película.

Regresados / Necrópolis se rodo en el año 2005 con un ensamble de muy buenos actores que no fueron las estrellas soñadas desde el principio debido a una cuestión de calendarios. De calendarios y de guita porque no conseguimos capitales fuera del INCAA para pagar sus cachets pero contamos con dos figuras de la talla de Diego Capusotto y Roberto Carnaghi. Durante el rodaje no tuvimos grandes inconvenientes mas allá que era una película compleja por la cantidad de locaciones y de personajes. El problema con la película comenzó en el montaje. La primera versión de la película duraba dos horas y cuarenta minutos. Para cuando comenzamos a enviarla a algunos festivales vimos para nuestra sorpresa como sistemáticamente era rechazada. El hecho mas traumático fue el del BAFICI. Con Flavio suponíamos que al ser expulsado Quintín y su clan de la dirección del festival, tendríamos mas chances de volver al BAFICI con nuestra segunda película. Pero no fue así. Recuerdo con cabal tristeza el día en que el BAFICI anunció las películas elegidas tanto para la competencia internacional como para la nacional. Recuerdo a la perfección mis nervios y la tensión que teníamos por saber que había pasado con nuestra película. Yo me fui a fumar un cigarro al jardín botánico para saciar la ansiedad. El día era hermoso y el cielo diáfano. Ni una sola nube. Suelo desconfiar de esos días. Las peores cosas de mi vida me han sucedido con cielos diáfanos. Y ese puto cielo despejado no podía estar equivocado. A las pocas horas los sueños de cinco años de trabajo se evaporaron en la atmosfera junto al humo de mi habano . “Con nosotros no funca” me escribió por mail el que por aquel entonces era el director del festival, al que consideraba un aliado y del que prefiero no dar el nombre. Fue el tiro de gracias que nos faltaba. Si bien el BAFICI también había rechazado 76 en primera instancia ahora volvía a hacerlo con Regresados y nosotros ya no teníamos el poder de lobby de Flehner. Pocos meses después San Sebastián también rebotaría a la película y ahí comenzamos a sospechar que quizás “Regresados” no era tan buena como pensábamos. Sucede que muchas veces el director, enamorado de su hijo que viene pariendo y amamantando durante años, no se da cuenta que no es ni tan lindo , ni tan inteligente, ni tan adorable como cree. Carcomidos por la dudas y las deudas comenzamos un largo y tortuoso vía crucis que duro años y que incluía el ticking bomb del INCAA y la devolución de un crédito. Lo peor de todo es que la habíamos filmado en 16 mm y no teníamos el dinero para ampliar la película y llegar a la COPIA A en fílmico en 35. Del único modo que podíamos financiar la copia era si la película era seleccionada en algún festival importante y Regresados venía siendo expulsada de todos los festivales a los que la mandábamos. Ya sin demasiada esperanza en la película decido llamar a Juan Campanella para obtener una opinión de alguien a quien admiraba y admiro. Con Juan nunca fuimos amigos pero siempre nos tuvimos mutuo respeto y profundo cariño. Años atrás, cuando los del Amante nos habían agredido con todo tipo de injurias personales el fue el único colega que nos escribió para apoyarnos y expresarnos el placer que le había dado ver nuestra película. Por esa razón es que decidí acudir a su consejo y nos juntamos a desayunar en la cafetería Tolón, en la esquina Santa Fe y Scalabrini Ortiz. Juan llegó en un viejo Citroen Pallas. Recuerdo que eso me llamo mucho la atención. Para mi los autos hablan de los personajes en mis películas y ver a un tipo tan exitoso bajándose de un auto de los 80 me pareció que retrataba claramente que a Juan lo único que le importaba eran las películas. “Cuando la veas Juan decime si te parece una reverenda mierda o si tiene alguna chance de algo”. Juan me respondió que la iba a ver y me iba a contestar a la brevedad. Se tomo dos semanas que fueron una eternidad. Durante ese tiempo me imaginé a Juan ensayando las diferentes formas de decirme de modo educado que la película era una bosta. A los pocos días Juan me llama y nos encontramos en su productora. “Mira Cristian, la película esta bien, necesita un nuevo montaje, le sobran 40 minutos, pero tiene cosas muy buenas” y a continuación de esto me aclara que el no producía películas que no fuesen de el pero que nos iba a dar una mano con toda la postrproducción y el acabado final para salir a la cancha y volver a intentar de mostrarla en otros festivales. Daniel García, mi productor de comerciales de aquella época, también nos dio una gran mano apoyándonos económicamente con los honorarios de un nuevo montajista y allí comenzamos con la reconstrucción de una película que no “funcaba” para nadie. Luego de varios meses de laburo finalmente redujimos la película a 95 minutos. Volamos escenas completas que realmente no se hicieron extrañar y para fines del 2007 ya teníamos la versión final de la película y la enviamos al festival de Mar del Plata donde quedó seleccionada para la competencia latinoamericana.

Recuerdo arribar a Mar del Plata con la autoestima por el piso. En mi fuero intimo estaba convencido que la película iba a ser un fiasco y que el publico nos iba a arrojar tomates. El único que nos decía : “tengan fe que la película esta buena” fue Guido Rud. Guido que es quizás el mayor vendedor y distribuidor de películas argentinas al exterior y su impronta es igual a la de una locomotora supersónica. Si lo tuviese que resumir diría que es un motivador de vestuario como Pacino en “Any Given Sunday” o un guerrero arengador como Wallace en “Braveheart”. Siempre le voy a estar agradecido por lo que hizo por mi en ese festival y lo que aún sigue haciendo en un episodio actual que ya será materia prima para uno de los últimos episodios de esta novela.

La primera función en el festival fue para la prensa. Es sabido que no es recomendable que los directores vayan a estas funciones para no incomodar al circulo rojo que tan bien ha formateado el gusto del gran publico argentino. Aclaro que no era ni la intención de Flavio ni la mía concurrir a la gala de prensa pero Guido nos dijo -“Yo voy a ir y después les cuento, ustedes quédense cerca igual”. A los pocos minutos Guido nos envía un SMS por su teléfono (no eran épocas de whatsapp) que decía : “Se están cagando de risa”. Por lo general los críticos no se ríen con nada en una función de prensa, pero acá parecía que la película con muchos de ellos estaba “funcando”. Luego de esa primera prueba vendría la función nocturna que era el bautismo de fuego con el publico. Mar del Plata es un festival hermoso y lo mejor de este consiste en que el publico que va a ver las películas es gente común, espectadores reales y no esa horda de snobs con raros peinados nuevos que suele asistir al BAFICI. Cuando llegamos al cine donde se iba a proyectar por primera vez al público, vimos que había una cuadra de cola para entrar. La función fue mágica porque las risas y los silencios de la gente caían en los lugares exactos donde tenían que caer . Suelo darle mucha bola a esa sincronía. Si bien no eran las carcajadas rabiosas de 76 , Regresados parecía funcionar muy bien a sala llena. A la salida, las muestras de cariño del publico fueron notorias . Había una emoción generalizada y un dejo de tristeza y alegría en las miradas del publico pero lo que mas me llegó al alma fue ver a Gogo Safigueroa, critico al que yo había admirado de pibe, decirme emocionado mientras salía del cine : “Hicieron una película muy dura, extremadamente dura, no es ninguna comedia esto”. Esa frase se repetiría pero en otro tono y por otro portavoz al año siguiente. Como sea las criticas del festival hablaban loas de “Regresados” y la ponían como una firme candidata a llevarse el premio “Che Guevara”. Todas las reseñas remarcaban la tristeza que gobernaba a las tres historias y la mirada acida sobre nuestra sociedad y de lo logrado del contexto del 2001 como marco para contar la película.

El día del cierre del festival cuando estábamos entrando prestos a sentarnos en nuestras butacas con la ansiedad e incertidumbre de este tipo de ceremonias deportivas, uno de los organizadores se nos acerca para susurrarnos que nosotros no íbamos a recibir el premio, que se lo habían dado a otra película. Recuerdo que le dije “para que me lo decís ahora flaco, me contaste el final de una película donde actúo”. Nunca me sentí mas pelotudo en un festival. Era como pasar a ser extra cuando te habían prometido un protagónico. Quiero dejar en claro que yo a los premios me los paso por los huevos. No creo en ellos porque si tuviera que creer en ellos ya me tendría que haber retirado de este negocio hace años. Soy tan loser con los premios que ni siquiera acierto con los que ganan el Oscar. Nunca triunfa la película que quiero que gane. El tema es que tanto Flavio como yo necesitábamos ganar el premio para poder ampliar la película de esa maldita copia en Betacam a 35 mm, para al menos poder estrenarla en alguna sala, cobrar el subsidio y poder devolver el crédito al INCAA. Mientras se anunciaba quien era el ganador la sensación que tenía era la de una profunda preocupación. Sobre el final de la ceremonia recibimos un premio consuelo. El Tato Miller de SICA , el cual me llena de orgullo sobre todo por Tato que tanto nos había ayudado a estrenar 76. Apenas termino la ceremonia de premiación me subí a un micro de larga distancia con la misma sensación de derrota que la de los personajes de nuestras películas. Había que volver a remarla y ver como hacíamos para cumplir con nuestras obligaciones con el INCAA.

Al llegar a mi casa mi mujer me vio con la misma cara de malestar de siempre, producto de mi profesión. Habían pasado tres años desde que habíamos rodado Regresados y todavía seguíamos con el mismo problema.

A las pocas semanas nuevamente Guido Rud me salvaba las papas y lograba que tuviésemos una reunión con la vice presidenta del INCAA ; María Lenz. María había visto la película junto Vanessa Ragone, otra aliada nuestra incondicional, que la había convencido de verla en el marco del festival. Durante años habíamos intentado que un presidente del INCAA nos diera bola y nunca obtuvimos ninguna respuesta. Fuimos a cocteles, reuniones y todo tipo de eventos para intentar explicar porque no podíamos estrenar la película y devolver el crédito. Siempre nos daban vuelta la cara. En esta ocasión, por primera y ultima vez, María Lenz nos recibía en su oficina para escucharnos. Toda la vida le voy a estar agradecido , dado que si no fuera por una adelanto de subsidio que nos otorgó, jamás podríamos haber llegado a la copia A y al estreno en sala.

El proceso para llegar a la copia en fílmico también fue accidentado, nada fue fácil con esta película. Recuerdo las tortuosas charlas de Buby Stagnaro en su laboratorio refregándome el bendito peine bonavenariano de su experiencias con Favio para al final hacer una proyección en Metrovision con una copia de mierda que era una verdadera vergüenza. Me cague a puteadas en plena sala de proyección con el técnico de laboratorio de Stagnaro que me negaba en la cara que la copia estuviera obscura.

Regresados se estrenó un jueves 20 de Marzo del año 2008 en solo 4 salas . Ese mismo jueves del estreno comercial decidí ir al Cinemark Palermo para chequear que la copia se viera bien. Flavio se había ido de jurado a un festival de cortos y le pedí a mi viejo que me acompañara. Cuando llego al cine en la cartelera del mismo no había un puto afiche colgado. Llamé al distribuidor y como era semana santa este se encontraba de vacaciones en su casa de Punta del este. El me juraba que los había enviado a la sala. Me acerco a la boletería para quejarme y reclamar que los pongan en su debido lugar y el pibe que vendía las entradas me responde que no sabía nada al respecto. Le pido que llame a su jefe dado que en pleno estreno la película no figuraba en ningún lado y a duras penas se anunciaba en los cartelitos digitales de la boletería. Al ver que nadie del cine venía a darme una explicación le digo al muchacho que no era con el pero que si no me daban una pronta respuesta estaba decidido a hacer un escandalo en el hall del cine. Me hacen esperar como media hora y en eso veo acercarse al típico gerentito de sucursal de Mc Donalds. Le faltaba la gorrita con visera y los arcos dorados. Le pido que me explique por que no había ningún afiche de mi película y me responde a los gritos que a las películas nacionales que se estrenaban vía cuota de pantalla del INCAA no les ponían afiches en cartelera. Y que por mas que los pusieran nadie quería verlas. Me lo dijo con odio y felicidad, con ese desprecio tan visceral que tiene la derecha argentina hacia todos los que intentamos hacer cine en este país. Era el típico rugbier pelotudo de barrio norte que sobreactúa su rol de perrito guardián de la multinacional que le paga un sueldito. Ahí nomas le propongo ir a discutirlo en la puerta del cine. A lo vieja escuela. Salimos a la calle, empezamos a trompearnos y aparece mi viejo que estaba en el auto esperando y se mete en el medio a separarnos. Fue una de las escenas mas patéticas de mi historia profesional. Pero me sirvió para entender perfectamente quien era el enemigo a vencer. Es mas que claro que los coliseos donde se proyectan las batallas de gladiadores que tanto amamos no nos pertenecen. Ellos son los dueños de lo que vemos y donde lo vemos. Todas esas salas que antaño habían sido los templos de mi infancia ahora se habían convertido en las funerarias de mis sueños. Mi viejo me agarro del brazo como un amigo al que están cagando a trompadas y me metió en su auto. Yo estaba llorando. Llorando de impotencia por mi película , por todos los años de laburo tirados a la basura, porque sabía que acababa de entrar en bancarrota y que nada de lo que iba a venir sería bueno. Y así fue. Ese mismo sábado volví a meterme en una sala de cine del centro para despedirme de la película y quizás del cine porque sabía que Regresados no iba a pasar de esa semana. Era el entonces Arteplex, el mismo cine donde en mi adolescencia había visto joyas trasnochadas como “La ley de la calle” o “The Wall” . En la sala solo había un espectador y yo. Me quedé hasta el final y poco antes de que comiencen a rodar los créditos finales decidí salir. El espectador no salía. Espere escondido. Quería verle la cara a ese tipo que había apostado por mi. Que había pagado una entrada y dedicado 95 minutos de su vida a ver mis tres tristes historias entrelazadas. Cuando sale veo que es joven, de aspecto europeo con cierto toque hipster. El espectador se acerca al acomodador que estaba en la puerta de la sala y con acento francés le dice : “Esta película no es ninjuna comidia, me enjañaron”.

Lo que vino después fue mas catastrófico aún. Deudas y un juicio disparado por error por el INCAA. Tardamos como cuatro años en pagar nuestra deuda de Regresados con el Instituto de cine. En esos cuatros años, durante todos los primeros miércoles de mes, poco antes de entrar a dar mis clases en el ENERC, me acercaba a departamento contable del INCAA para pagar la deuda. Juro que durante todos esos años jamás me encontré con otro colega en mi misma situación. Todos esos miércoles me sentía sistemáticamente el tipo mas solo pelotudo del universo. Igual de pelotudo que la noche que me agarre a trompadas con el gerentito del Cinemark o igual de pelotudo que cuando en el Mar del Plata me contaron el final donde yo no ganaba.

Si me preguntan que me parece Regresados ahora, que paso el tiempo y un huracán que arrasó con mi jardín primitivo no puedo dar una respuesta demasiado concreta. Cuando la pasan en la tele no puedo terminar de verla. Aún queda el dolor y el mal sabor de la onda expansiva del fracaso. Pero estoy seguro de algo. Regresados fue una película a destiempo. Los años hablaran de ella y calculo que bien porque el 2001 no terminó nunca.

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