EPISODIO 2 : “ENCUENTROS CERCANOS CON TODO AQUELLO QUE QUISE SER”

Actualizado: 4 de dic de 2019


Nací en el 68 y soy el producto de dos décadas donde se produjo el mejor cine de la historia de la humanidad. Uno escuchaba hablar de cine en su casa, en el colegio y en la verdulería . Recuerdo a mi tío Horacio un domingo, en la vereda de su casa de Villa Devoto, no parar de hablar de “Atrapados sin salida” mientras lustraba su hermoso Valiant color bordeux. También recuerdo una cena de amigos en la casa de mis viejos y ellos charlando hasta altas horas de la noche acerca de final de “El Golpe”. O ir a lo de mi abuela, abrir una revista “Gente” y ver toda una nota de doble pagina sobre el monstruo mecánico que se había utilizado en Tiburón, o a mi vieja contarle a unas amigas que había salido fascinada de ver Cabaret y que Lisa era muy fea y no tenía cintura pero cantaba como los dioses o a mi viejo hablar con un compañero de laburo sobre cómo en una sala cinematográfica todo el público se puso de pie en el final de la película para alentar a Rocky; un boxeador que solo existía en las pantallas de cine, o a mi tío Carlos , loco de la guerra de Vietnam, hablarme de la escena de la ruleta rusa en “The deer hunter”. Lo mas increíble es que todas estas películas eran cultura popular. No cine de ensayo. Y todo ese boca en boca sobre lo buena que era tal o cual película generaba en mi unas ganas inmediatas de ser grande. Con apenas 7 años fantaseaba con la cara de Nicholson, con el disparo por la espalda de Popeye Doyle en el afiche de “Contacto en Francia” o con la tapa del disco de “El hombre de la Mancha “y las tetas de Sofía Loren. Fantaseaba porque todas esas películas eran inalcanzables para mi. Eran prohibidas para menores de no se cuanto y gracias a ello, de un modo u otro, imaginaba mis propias versiones de ellas . Cabe aclarar, lo justo es justo, que a quien mas le debo el amor por el cine es a mi viejo. Curioso que el tipo que me abandono de niño en plena tormenta también me ayudara a construir un refugio que dura hasta el día de hoy. Mi viejo jamás me hablaba de aviones. Solo me contaba de su amor por las películas que veía cuando viajaba. Cada vez que volvía de sus vuelos me contaba sobre la última película que había visto en Nueva York, Paris o Roma. La mayoría de ellas estaban prohibidas por la dictadura militar. Me hablaba de “Novecento” y de la historia del fascismo en Italia, o de lo arriesgada que era “El ultimo tango en Paris” o de Calígula y una escena que no me podía contar , de la sensualidad de “Emmanuelle”, o la brutalidad de “La naranja mecánica”. Todo este cine, inalcanzable para mi en ese momento, fue parte de mi imaginario , de mi fantasía. Todas esas películas fueron mi tierra prometida. Alguna vez, en algún lugar, dentro de poco o mucho tiempo llegaría a ellas. Mientras tanto; el único cine que yo y toda una generación de pibes teníamos al alcance de los ojos se daba por la tele. Por aquel entonces canal 11 y canal 13 tenían dos ciclos , el primero llamado “Sábados de Súper Acción” y el otro “Hollywood en Castellano”. Ambos eran una fiesta cinemática mejor que cualquier retrospectiva de cualquier festival hipster. Allí pude alimentarme de “Los 7 magníficos”, “Hell in the Pacific”, “Rio Bravo”, “El dorado” , “The searchers”, “Omega Man”, “Patton”, “El viejo y el mar”, “Moby Dick”, “Marabunta”, “Hatari”, “A star is Born”, “Extraña Pareja”, “El tren de las 3 10 a Yuma”, “Los Vikingos”, “Motin a bordo”, “Un Americano en Paris”, “El lechero”, “El terror de las chicas” y cuanto western, comedia o película se me cruzara a la hora del Nesquick y las vainillas. Eran verdaderas orgías de cine y mi generación o algunos de mi generación , dado que he escuchando a mas de un cineasta jactarse públicamente de no haber visto cine, nos educamos con todas esa maravillas que, crease o no, se daban por la tele. Piensen un momento en el impacto que podía tener para un pibe de 9 años ver a Ford, a Boorman, a Hawks, a Sturges, Sagal, Shaffner, Houston, Zinnemann, Minelli, Richard Fleischer, Delmer Daves, y una lista infinita de otros directores , algunos de los cuales no eran considerados maestros iluminados sino simples artesanos. Esos realizadores y sus películas fueron y siguen siendo toda la cultura y el bagaje visual que llevo a cuestas cada vez que pienso en una idea para ser filmada. Soy un heredero de la tradición de todos estos tipos y lo deje bien claro en mi primer corto, del cual hablare mas tarde. Yo no le debo nada ni a Fellini , ni a Antonioni ni a Godard. Todo lo que soy y se de la vida y la narrativa se lo debo a estos artistas y sus películas de colores apastelados y formatos panorámicos mal adaptados a pantallas 4,3. También le debo todo a todas las series de la época como “El Santo”, “Ladrón sin destino”, “El agente de cipol”, “Kolchack”, “El gran Chaparral”, “Dos contra el mundo” y “El hombre nuclear”. Recuerdo que con Joe Gazollo, un amigo y hermano de la vida, eramos tan fanas que entrabamos al colegio corriendo en cámara lenta como Steve Austin. Era tan largo el recorrido que llegábamos a la puerta con las patitas temblando y a poco de perder el equilibrio nos saludábamos con inofensivas piñas a mas de 3000 cuadros por segundo. Incluso mientras jugábamos a ser algún personaje de estas series hablábamos en neutro. La vida para mí eran las películas que veía en la tele. De eso hablaba , de eso vivía ( todavía lo sigo haciendo ) y con ellas me escapaba un poco de la realidad de mi casa y sobre todo del colegio al cual detestaba con todo mi corazón. Hasta que un día llego mi padre de un viaje con una noticia. Como un jinete de la Welles Fargo que viene con un mensaje desesperado para el héroe, mi viejo tenía una nueva película para contarme. Ese día mi mama me había llevado a mi y a un grupo de amigos al cine. Daban una película de ciencia ficción de los 50 bastante berreta. Era una reposición pero no recuerdo si de “Perdidos en el espacio”, me acuerdo que laburaba el mismo robot. Al regresar a mi casa me encontré con el jinete recién llegado de su travesía y un mensaje urgente para mi. Todavía con el uniforme puesto; mi viejo me separo de mis amigos, y como si se tratara de una noticia de vida o muerte me llevo a un costado y susurrando me dijo : “Todo lo que viste hasta ahora no va mas. Vengo de Nueva York de ver algo impresionante. Es sobre una guerra en el espacio, esta película que acabo de ver es el futuro” . ¡Plummmmmmmm!. Esa sola frase dio inicio a una cuenta regresiva que duraría meses. En aquel entonces una película podía tardar incluso un año en llegar a las salas de una capital tan alejada y periférica como Buenos Aires. Cuestión que a los pocos meses, diciembre creo, la película desembarcó comercialmente. El afiche era un dibujo tan o mas impresionante que los adjetivos elogiosos de mi viejo. Era un dibujo hiperrealista donde un montón de personajes en diferentes situaciones y portando sables de luz se hallaban por debajo de una suerte de inmensa calavera negra. La tipografía del título en formato piramidal era hermosa. La primer vez fui a verla con mi padre y luego con cuanta persona estuviera a mi alcance. No me importaba con quien. La excusa era verla y volver a verla una y otra vez. No miento : creo que la vi aproximadamente 34 veces en el mismo mes de su estreno. Fui todos los días incluyendo un día con mi abuela Mamama, una salteña amiga de todos los acomodadores y boleteros de los cines de la avenida Santa Fe. El hermoso “Capitol”, el majestuoso “Gran Splendid” ( ahora trasvestida como la librería mas aburrida del mundo ), el espejado “Santa Fe 1 y 2” y el imponente “America”. Todos los palacios de mi imaginería visual. Todos mis refugios. Y también los de mi abuela. Mamama era vecina del barrio y solo usaba los cines para dormir la siesta con aire acondicionado. En esas épocas existían las funciones continuadas y yo me quede al lado de mi abuela que no paraba de roncar viendo Star Wars en modo matine, vermoud , primera y segunda de la noche. Y durante todas esas funciones interminables comprobé que mi padre tenía razón. Era como presenciar el nacimiento de Jesucristo. El antes y después de todo lo que había visto hasta la fecha. Atrás quedaban John Wayne, Glenn Ford , Kirk Douglas, Rod Taylor, Tony Curtis y todos mis héroes del universo technicolor. Star Wars y por ende Mark Hamill y Harrison Ford no se parecían a nadie y eran como una mezcla de todos. La toma principal con esta nave que no termina de pasar nunca, el terror ante la primera aparición de Darth Vader , la muerte de los tíos de Luke y el llamado a la aventura. La imponente estrella de la muerte. La escena de la sala compactadora de basura y ellos siendo tragados por un monstruo. La muerte del maestro a manos del villano. La voz de la luz . La voz de la oscuridad y ese combate aéreo por esos túneles llenos de tecnología y la música de Willams !!!!. Jamas había visto algo así pero tampoco había escuchado una música con semejante resonancia épica. Cada personaje tenía un tema, un leit motiv y una sonoridad inolvidable. Luego mi padre me traería los muñequitos de la película y con ellos haría mis mejores películas. Los mejores planos, las mejores batallas jamás filmadas. Usando un solo ojo como cámara y haciendo verdaderos decorados con rastis y mil ladrillos. Recuerdo haber tallado el nombre “George Lucas” en el respaldo de la silla de madera del pupitre de mi cuarto y dirigir como los dioses a todos mis muñecos. Mis verdaderos amigos de la infancia. Los que me protegieron de todo la furia y tristeza de mi vieja. Muchos de esos amigos hoy habitan la repisa del cuarto de mi hijo Facundo protegiéndolo seguramente de mis propias furias y angustias. Ese es el inmenso legado de Lucas que curo , cura y curara las tristezas de millones de niños con la fuerza de la mitología ancestral . Pero volviendo a la tristeza de esa época , apenas un par de meses después del estreno de Star Wars vendría otra instancia de sanación cinematográfica en mi vida. Fue la primera vez donde vi una película y me dije “no se como se hace pero yo quiero hacer esto”. Lo que estaba frente a mis ojos no era una película, era una catedral, una nueva arquitectura. Algo que marcaría mi alma de por vida y me haría sentir que ese niño sin ningún talento para nada, muy probablemente pudiese hacer algo parecido algún día. La película era aterradora, emocionante, conspirativa y el personaje protagónico se parecía mucho a mi, dado que su vida era un completo quilombo. Roy Neary era yo. Todo en el era un desastre . Un tipo sin la prestancia de Steve Mc Queen , con un empleo de mierda, con un matrimonio en ruinas, no admirado por nadie, pero por sobre todas las cosas : un hombre niño. Ver a Neary amontonando tierra en el living de su casa para tratar de materializar su visión mientras su mujer y sus hijos lo abandonan era algo revolucionario para el cine de ese momento pero también para el actual. El mismo Spielberg dice que si hoy volviera a filmarla no se permitiría eso. Pero para mi , un pibe de 10 años cuya experiencia familiar era una película catástrofe, eso era como ver un documental de mi existencia. Esta bien, el personaje de Dreyfuss me llevaba muchos años, pero yo me veía en el. Mi vida era tan caótica y carente de respeto como la suya. Y lo rescata algo que viene del cielo. Y ese algo que viene del cielo lo conduce hacia un lugar misterioso y allí es elegido para la misión mas trascendente de la humanidad. El contacto con otra especie inteligente es todo lo que yo soñaba. Si este mediopelo podía ser el elegido yo también. Solo necesitaba un encuentro cercano del tercer tipo y yo acababa de tenerlo. Había hecho contacto con algo superior a la vida y nada ni nadie me detendría. Debería ocuparme de estudiar como se hacia aquello que me estaba iluminando el alma. Si hago memoria me acuerdo que la quinta o sexta vez que la vi, me di vuelta para ver de donde venía el origen de sinfonía visual. Venía de un rayo que salía de un agujero en la pared. Que carajo había en el interior de ese haz mágico que proyectaba nubes siniestras , luces extrañas y alienígenas amigables. Que era eso?. Como se hacía para aprender a fabricar una sinfonía como la que estaba viendo en el interior de ese rayo transmisor de fantasías?. Con esas preguntas empezó mi profesión y el amor a una forma artística que aún perdura . En este instante sagrado de comunión y bendición yo sentí que era el elegido para seguir el legado de lo que estaba viendo. Esa fue y sigue siendo mi única religión.

Pasaron un par de meses y un día veo arribar a mi viejo con un rostro muy extraño. Grave. Nos llama a mi y a mi vieja y luego de quitarse su gorra con el cóndor de metal y el sobretodo negro de su uniforme de Aerolíneas Argentinas, nos sienta en el living y nos cuenta algo que jamás voy a olvidar. No era la ultima película de Bertolucci ni un musical de Broadway. Era otro tipo de espectáculo. Con la respiración entrecortada mi viejo nos narró con magistral precisión su primer y único encuentro cercano del primer tipo en sus 30 años de aviador. El y toda la tripulación de cabina habían tenido un avistamiento por la noche, mientras volaban en un Boeing 707 por encima del desierto de Nuevo México rumbo a Los Angeles. No era un solo ovni. Era toda una formación que cambiaba de geometría con solo prender y apagar sus luces. De un segundo a otro podía transformarse en un triangulo o en un hexágono . La descripción era fascinante y lo que mas les sorprendió a el ; comandante del vuelo y al copiloto y al navegador y al técnico de vuelo fue que nada de esto aparecía en los radares. En un momento el copiloto le propone a mi viejo aproximarse mas a la extraña formación pero mi viejo se negó. Le parecía muy peligroso dado que no sabían de que se trataba eso que estaban viendo. No había ningún avión o helicóptero parecido. “Eso no era hecho por el hombre, ningún aeronave terrestre se comporta en el aire de ese modo” fueron las palabras que utilizo a mi viejo para clarificarnos que eso que acababa de ver no era de este planeta. Por supuesto tanto mi viejo como toda la tripulación jamás reportaron el incidente de Nuevo México. Eran épocas de milicos y cualquier afirmación que no se acercara al “hombre como eje del universo” podía significar un “no apto” en el psicofísico. Lo callaron de por vida. De hecho cuando llegaron a Los Angeles mi viejo abrió el diario y descubrió en una noticia que esa misma noche, en un pueblito de Nuevo México, varios pobladores habían sacado fotos a una extraña formación. La misma que ellos tuvieron frente a frente en el Boeing 707. Hacia poco que “Encuentros Cercanos del tercer tipo” se había estrenado y convertido en un suceso mundial. La realidad imitaba al cine?. Durante el año del estreno de la película hubieron gran cantidad de reportes de avistamientos , muchos seguramente influenciados por el poder mítico de las imágenes de Spielberg, pero en este caso yo creí y sigo creyendo en el testimonio de mi viejo. Lo vieron el y los otros tres miembros de la tripulación. Quizás también lo haya visto algún pasajero insomne ya que el suceso se dio bien entrada la noche, cuando todos dormían. A partir de la película y el posterior incidente de mi viejo siempre miro al cielo a la búsqueda de algo. Jamas pude encontrar nada pero creo fehacientemente en que no estamos solos. Es una cuestión de lógica y estadística. Si estamos nosotros en algún lugar del universo hay otros. No se si tan hijos de puta, egocéntricos, materialistas y brutales como nosotros pero hay otros. Mi infancia estuvo marcada por estos dos sucesos. La experiencia cinematográfica y la experiencia que me narro mi viejo. Las dos poblaron mi narrativa hasta el día de hoy y serían los detonantes de mis dos vocaciones : los aviones y el cine. Dos formas de volar y también de estrellarse absolutamente distintas.


https://www.youtube.com/watch?v=rbBqRP_AJe4


PROXIMO EPISODIO :

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