EPISODIO 5 : "TODO ESE JAZZ"

Actualizado: 4 de dic de 2019


En mi colegio habían pibes de mucha guita. Mucha. Y estos pibes siempre tenían lo último de lo último. En la casa de mi viejo también siempre había lo último de lo último pero con una gran diferencia. Todo lo último no era nuestro. La casa de mi viejo era como un pequeño showroom de Garbarino , Fravega o Scioli ( local de electrodomésticos del padre de Daniel Scioli a quien mi viejo también le vendía bagayo) . La bandeja tangencial Bang Olufsen, el televisor color Sony Trinitron, la freidora eléctrica Molineux, los parlantes technics , el contestador Panasonic. Todo lo podías usar pero había que cuidarlo en extremo porque en la casa de mi viejo todo lo último estaba a la venta. Quizás por eso hoy sea tan extremadamente cuidadoso con las cosas. Seguramente esa situación de vivir casi en el interior de un local de electrodomésticos me haya servido para no sufrir a la hora de tener que desprenderme de mis equipos de audio para pagar la prepaga de mis hijos o las expensas a causa de los parates de mi laburo como cineasta. Pero para ser sinceros; mi padre, como todo los pilotos y azafatas de la época, era un “ bagayero” como se dice en la jerga . Es decir traía por encargo y de contrabando todo tipo de cosas. “Menos drogas, armas y oro, todo “ decía mi viejo. Eran épocas de Raul Alfonsin y prácticamente la importación estaba prohibida. En la lista de clientes de mi viejo habían ejecutivos de Ford, estancieros con haras de polo, financistas y hasta un ex funcionario de la dictadura. Habían clientes que le pedían desde pasta de dientes Crest y cremas de afeitar Gillete foamy a un amplificador de música Mc Intosh o el block de un Alfa Romeo. A mi viejo le encantaba bagayear y todas las veces que me llevo de viaje con el yo colaboraba en acompañarlo a comprar las listas de encargos y también con el posterior embalaje de la mercadería. Para mi viejo el armado de la valija era todo un arte. Durante esos años realice varios viajes con el a Nueva York , Los Ángeles y Miami . Esas eran las “postas” preferidas de mi viejo porque allí estaban todas las chucherías que le encargaban Hay que trasladarse a aquellos años y entender que en la Argentina post Malvinas se vivía 20 años atrasado con respecto al mundo en todas las áreas. Desde el parque automotor con los anacrónicos Ford Falcon y Renault 12 a los vetustos combinados Winco, todo parecía de los 60 en plenos años 80. Por supuesto los únicos que tenían acceso al confort primer mundista era una elite que eran los exclusivos clientes de mi viejo . En esa época un comandante de internacional no ganaba lo que ganan en la actualidad por lo tanto el bagayo era casi obligatorio para mantener nuevos matrimonios y pagar los gastos de alimentación y colegios de los viejos. Florencia , la mujer de mi viejo, también colaboraba con el bagayo y su especialidad era traer ropa y discos de vinilos a disquerías locales y a Disc Jockeys como se los llamaba en esa época. Ese momento en que abrían las valijas y emergían las tapas de los discos eran hipnóticos para mi. Las tapas de Yes, Queen, Billy Joel, Kiss y Donna Summer, Elton John, Phil Collins y Pat Metheny Group desfilaban por mis retinas y con ese desfilar de dibujos de Roger Dean y las botas mata pollitos de Gene Simmons comenzaba mi curiosidad por la música. Florencia escuchaba muy buena música y gracias a ella y a su colección de vinilos descubrí a la negra Sosa, a Almendra, a Liz Minelli y Linda Ronstandt, a Take five de Dave Brubeck, o a la banda de sonido de All that Jazz y a uno de mis principales héroes cinematográficos ; Bob Fosse. Un año después, también gracias a Florencia pude ver en un viaje a NY una obra de Bob Fosse con el mismo Fosse dirigiéndola en vida. La obra en cuestión era “Dancin” y con ella comenzó mi despertar sexual. Jamas en mi puta vida había visto tanta sensualidad concentrada. Las minas con las mejores piernas del mundo estaban frente a mi, pero lo más erótico no eran sus físicos que por cierto eran hermosos, sino los movimientos que hacían con ellos. Eran serpientes. Ese era el arte de Fosse. Los movimientos fracturados, los quiebres de las manos y de las piernas, las oscilaciones de las caderas. Todo eso era puro sexo y estaba a pocos metros de mi. Jamas me voy a olvidar de esas bailarinas con mallas de baile negras y bombines. Sin que mi viejo y Florencia se dieran cuenta, no aguante mas y con absoluto disimulo metí la mano en mi bolsillo y comencé mi juego. No pude refrenar el impulso de ver a semejantes minones bailando para mi y en sincronía con todo ese jazz acabe en pleno Broadway. Calculo que ni mi viejo ni Florencia se dieron cuenta. Me imagino lo que debe haber sido mi cara durante la minuciosa y disimulada búsqueda de mi primer orgasmo. Me imagino a las bailarinas viendo la expresión de un pibe de 13 años hiper concentrado en sus muslos, tobillos y muñecas. Ese fue mi inicio sexual. Gracias a la sensualidad de una puesta en escena de Bob Fosse. Tardaría muchos años en llegar a ver sus películas pero lo primero que vi de el ya me había impactado para siempre. Un par de años después llegarían el VHS y los videos clubs y recién ahí podría ver el resto de su breve pero extraordinaria obra. Curiosamente en la casa de mi viejo todavía no había una videocasetera, algo que era considerado un avance tecnológico sumamente lujoso. “El cine en tu casa” le decían. En ese momento mi viejo traía algunas de esas enormes videocaseteras pero nunca se las quedaba y yo veía pasar esos pesados aparatos que eran como un contestador telefónico gigante, con madera en sus costados, con el casete que se insertaba en la parte superior y unas teclas de play y rewind que parecían las de un órgano valvular. Y así fue como un día voy a lo de mi primo Martín Sáenz y su padre pone en funcionamiento esa “maquina de cine” marca NATIONAL PANASONIC que me permitió ver una película que pasaría a liderar mi ranking personal. En ese preciso instante Close Encounters pasaría al 2do puesto para ser rebasada por la primer película prohibida para mayores que vi en mi vida. Pero no era eso lo que me había maravillado. Era el realismo, la mugre, los obreros metalúrgicos, los cielos grises. Era como ver una película rusa pero que transcurría en la América Profunda.

Jamas había visto a De Niro actuar y mucho menos a Walken a Streep y a Cazale. Esos tipos no solo eran amigos sino que eran mis amigos. Durante todo esa fiesta de casamiento estuve con ellos. Eran los tiempos donde no reinaban ni Syd Field ni los putos script doctors. Toda la secuencia duraba una eternidad por la simple y sencilla razón que amemos a cada uno de esos hombres que al otro día se irán a una guerra contra no se sabe quien. Luego la escena en la que vuelven de la cacería y van al PUB y se despiden bailando y cantando al ritmo de “Can´t take my eyes of you” de Frankie Valli y el corte abrupto a Vietnam y la ruleta rusa y el regreso de De Niro que no quiere salir de la habitación de un motel por vergüenza de enfrentarse a su comunidad y la historia de amor con Merryl Streep y finalmente otra vez a Vietnam para cumplir con la promesa que le hizo a Walken de no abandonarlo allí y el “one shot” del final y el llanto de De Niro . Pocos tipos sabían llorar como De Niro en los 70 . Y yo también lloré con el porque jamás en mi puta vida había visto un final así. Una despedida sangrienta pero cargada de ternura y el God Bless America del epílogo que, a pesar de todas las pelotudeces que digan los críticos con ideologómetro, todavía me conmueve como esa primera vez. Muchos años después le haríamos con Flavio un homenaje a ese final de ellos cantando en German Ultimas Viñetas. Nada fue igual después de ver The Deer Hunter. Creo que a partir de verla siempre trate de querer a mis amigos como se quieren los tres amigos de esta película. Y hablando de amor, era tal el amor que le tuve a esta película que dos o tres años después yo estaba de vacaciones en Mar del Plata con mi amigo y hermano Cesar Orfali. Era pleno Enero y recién me había puesto de novio con una chica que veraneaba en la feliz. Un día ella decide invitarme a cenar a su casa para presentarme a sus padres. La cosa es que antes de ir, nos fuimos con Cesar a pasear por la peatonal y mientras andábamos por ahí pasamos por una galería en cuya entrada se anunciaba la proyección de “El Francotirador”. Era una reposición. Nos miramos con Cesar , chequeamos la hora. Eran las 20 hs y estaba por empezar. La película duraba como tres horas y eso significaba un dilema : O iba al cine a ver “El Francotirador” y me perdía la cena de mi novia y por ende la presentación de sus padres o iba a lo de mi novia y me perdía de ver “El Francotirador” por única vez en 35 mm. Por supuesto elegí ir al cine en vez de cenar con la chica y sus padres y ella, claro esta, no quisieron saber nunca nada más conmigo. Así de importante era el cine para mi en aquellos años. Mas importante que una novia y por que no , mucho más que la vida. Luego, con el correr del tiempo y por culpa del mismo cine , esa prioridad iría cambiando por completo para mi.


https://www.youtube.com/watch?v=iPaYTZp4bUc&list=RDAcxhOzCmB6g&index=6

 

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