EPISODIO 7 : LOS MAGNIFICOS CIENPIES ( The FUC years )

Actualizado: 20 de nov de 2019


La historia del cine siempre fue escrita por los críticos. Nunca por los que lo hicieron. La historia del “movimiento” que ellos denominaron “nuevo cine argentino” tampoco escapa a esta regla. Hay libros de esta etapa escrita por gente que no estuvo ni siquiera a cien metros de un rodaje y mucho menos de la principal locación donde se gesto. Sin saberlo, yo fui parte de ese movimiento y presencié el instante donde se origino todo. El Big Bang. Y esa explosión no comenzó en el Historias Breves 1, ni en Pizza Birra y Faso, sino que fue en la FUC que a su vez fue el semillero del que salieron la mayoría de los cineastas y guionistas de esta nueva camada. Pero antes, mucho antes de este estallido de talento, me voy para atrás para contar cómo llegue al epicentro del nacimiento de todo. En el capítulo anterior llegamos al final del rodaje de la Ceguera. Mi corto maldito. El que jamás termine y me resisto a terminar porque me niego a ver el resultado final y prefiero dejarlo inconcluso , con todo el potencial de lo que podría haber sido y no fue. Al finalizar esa epopeya decidí continuar con la búsqueda de un lugar donde aprender cine con el tan mentado título oficial que me exigía mi viejo. Una imposible para esa época. Solo una escuela de cine tenía lo mas parecido a un titulo terciario y era la que en aquel entonces se llamaba “CERC” (actual “ENERC”). Se sabía que el examen de ingreso era muy exigente por lo tanto nos abocamos a la tarea de prepararnos para él mismo. No sé cómo llegamos a dar con un aviso que

decía :



Creo que fue en la cartelera de la escuela de Hermida donde fui un par de meses. Cuestión que fuimos con Sebastián a ver al preparador de aspirantes al CERC. El flaco vivía en un monoblock en lugano 1 y 2. Cuando nos recibió en su micro búnker, repleto de libros y cajas de pizzas con restos óseos milenarios de aceitunas, medio que nos trato para la mierda. A través de sus anteojos a la Burton Fink nos miraba con cierto desprecio y arrancó a hablarnos de Carpenter y Howard Hawks. Cuando hablaba escupía gotitas de flugge y emanaba odio y resentimiento. Ahí nomas deberíamos habernos avivado y cambiar de carrera pero el amor es más fuerte. Parecía más un crítico que un flaco egresado de la carrera de realización. No sé Sebas, pero yo no le entendí un mierda lo que nos hablaba. Lo único que me acuerdo es que cada tanto nos cagaba a pedos por no saber nada de cine y que todo el tiempo trataba de demostrar todo lo que él veía en el cine de Carpenter y nosotros no. Luego saldría la revista el Amante casi con el mismo discursito semiótico. Pero no adelantemos próximos capítulos. Cuestión que al terminar su monologo nos cobro dos huevos y medio la clase y no volvimos más . A las pocas semanas nos presentamos con Sebastián Valiño al ingreso y comprobamos en carne propia lo jodido que era el examen y mucho más para un flaco egresado de un colegio privado que le daba cero relevancia a la cultura literaria. La primer parte del examen consistía en un análisis de texto de “Agua fuertes porteñas” de Roberto Arlt. Lo único que yo había leído en la secundaria era “Platero y yo” y “Los cuentos de la selva” de Quiroga y para de contar. Mi fuerte no era la literatura. Sebastián había egresado del ILSE por lo tanto su formación era más solida que la mía. Igual ninguno de los dos aprobó el primer tramo del examen. Al salir de ahí nos fuimos con la sensación que estudiar cine en un lugar donde nos dieran un papel para que nuestros padres, en especial el mío, no nos jodieran mas iba a ser una tarea imposible.

A las pocas semanas fuimos a la escuela Panamericana o algo así y nos recibió el director, un viejo amargo del que no me acuerdo el nombre, y al instante supe que no tenía nada que hacer ahí, sobre todo cuando se puso a hablar pestes del cine de Spielberg. En ese entonces decir que tu director favorito era Spielberg era una sentencia de muerte. “Spielberg sin plata no puede filmar” me dijo. “El cine de Spielberg son los lentes carísimos que usa, sacale eso y no es nada”. Después de escucharlo, con Sebas queríamos ser rescatados de allí por Schwarzenegger en Terminator 1 cuando entra a la comisaría y arrasa con todo. Fue un experiencia realmente vomitiva pero reveladora que nos permitió gracias a dios salir auto eyectados de ese lugar. Después me entere por varios ex alumnos de esta escuela que el tipo era un verdadero psycho. El mundo del cine nacional esta repleto de ellos. Monos sabios para nada, resentidos y fomentadores de mediocridad y prejuicios que por lo general a la larga se terminan transformando en críticos. El que no sabe hacer se dedica a opinar. Allá ellos. Nosotros mientras tanto seguíamos a la búsqueda del Santo Grial.

Pasaron las horas, pasaron los días, pasaron los meses y un día ganó Menem. Siguieron pasando los meses y los días y durante las noches yo y la armada Branca Leone con la que había filmado la Ceguera; nos dedicamos a ver películas y hablar de cine en mi casa. Eran noches interminables repletas de cinefilia, humo y alcohol y una de esas noches alguien trajo la noticia que nos cambiaría la vida a todos. En un diario aparecía una nota que anunciaba que en breve se abriría una “universidad” de cine. La nota decía que sería la escuela más importante de Latinoamérica y que abriría la posibilidad de intercambios con otras escuelas de cine del mundo. En la misma nota había un reportaje al director de la futura escuela. Era Manuel Antín, que luego de haber sido presidente del instituto nacional de cine se dedicaría de lleno a este proyecto. Allí anunciaba que estaba abierta la inscripción. Fue un rayo de esperanza para el momento de absoluto estancamiento que yo estaba viviendo. Aún seguía en el Salvador pero sin el mínimo aliciente y por otro lado sentía que mi sueño de estudiar cine comenzaba a difuminarse. Y así fue como Sebastián Valiño, Gustavo Mora, Cesar Orfali, Angel Castiglia, Gerardo Rinaldi y quien les escribe nos dirigimos hacia la “universidad” de lo que tanto añorábamos hacer, ubicada en el pasaje Giuffra al 300. Déjenme adelantarles que el recuerdo que tengo de esta tarde fue absolutamente mágico. Al llegar y ver esa casona típica del barrio de San Telmo intuí que algo nuevo comenzaba en mi vida. Fue algo providencial. He tenido ese tipo de epifanías. Las he respirado en mi infancia, en mi adolescencia y muy esporádicamente , cada tanto, cada vez menos, en mi actualidad. Fue como la tarde cuando corrí por la calle de mi colegio para pedirle la mano a mi primer novia o como cuando llegue a los 7 años a Nueva York y vi una Cadillac El Dorado estacionado o como cuando escuche en vivo a los Abuelos de la Nada en una canchita de básquet de un club de barrio o como ahora cuando corro 10 km y respiro hondo y siento que la felicidad es proporcional a la capacidad de mis pulmones y a las zancadas de mis piernas. Así fue mi entrada a la FUC. No me pregunten por qué pero supe que esa era el lugar. Era el Cavern Club de los Beatles, el Birdland del Jazz, la cueva de Sandro y los de Fuego. Partículas de gloria flotaban suspendidas en el aire. Al cruzar las puertas de madera, el primero que nos recibió fue Jean Luc Godard o mejor dicho un póster enorme con su cara. Mi futuro enemigo. Camine unos pasos y a los pocos metros una joven ; María Marta Antín, nos guió hacia la oficina del director. Las entrevistas eran personales y allí volví a encontrarme con Manuel Antín. El tipo mas seductor y convincente que conocí en toda mi carrera. No entiendo cómo no llego a presidente de la nación. Después de contarme todo lo que tenía en la cabeza para nosotros , los futuros cineastas de la Argentina, y de decir que una escuela de cine para el debía ser solamente “un gran pasillo” donde encontrarse a hablar de cine, me llevo a recorrer la escuela, las aulas, los benditos pasillos, un set, el bar y por ultimo un micro cine y mientras observaba pasmado ese bello y pequeño templo con butacas me dijo “Acá es donde vamos a proyectar todas las películas de ustedes”. Después me dio un folleto que prometía que la escuela traería a dar charlas a importantes figuras del mundo del cine internacional como Martin Scorsese y un tal Jean Claude Carriere, guionista de Buñuel. Vino Carriere , a Scorsese lo seguimos esperando. Pero bueno , eso es otro tema. Lo esencial es que a los tres meses yo y toda mi banda de amigos estábamos inscriptos y cursando en el mejor lugar del mundo. No les voy a mentir, la escuela tenía millones de problemas, incluido el concepto de “pasillo”, pero sea como fuere esos problemas eran hermosos. Hoy a la distancia puedo decir que los dos años que curse en la FUC fueron los mejores de mi vida. Cada mañana me levantaba con ganas de vivir y me acostaba con mas ganas. Mi vida y la de mis compañeros estaba dedicada las 24 horas al cine. Durante esos años todo el resto de las cosas esenciales para cualquier ser humano pasaron a tercer plano para nosotros. En todo ese tiempo no pise un solo boliche, una sola fiesta y no cojí !!! No porque no pudiese sino porque me era absolutamente irrelevante. Toda mi lívido estaba concentrada en el cine; en aprender a narrar historias con una cámara. Para mí, estudiar cine era un sacerdocio. Todos los fines de semana encontrábamos la excusa para filmar algo y cuándo no filmábamos había que ver cine y cuando no lo veíamos había que hablar de él. Los amigos que no estaban en el tema se aburrían profundamente cuando venían a mi casa y presenciaban las eternas tertulias hasta altas horas de la madrugada sobre quien era mejor : Coppola, Scorsese, Spielberg, Stone, Lucas, De Palma, Kubrick ,Welles o Cimino. Y no me importaba en lo más mínimo que los demás quedaran afuera de la charla. Vivíamos cine, comíamos cine, soñábamos cine, eyaculábamos cine y estábamos dispuestos a dejar la vida por él . Eramos verdaderos beatniks envueltos en nubes de humo de cinefilia . Así como el rock había influenciado a la generación anterior, el cine había hecho estragos con la nuestra. Los moviebrats eran nuestros Beatles !!! Y nosotros que nos bautizamos como “El Grupo Cienpies” ( así de mal escrito porque en verdad es Ciempiés ) nos creíamos herederos de su legado. No recuerdo quién de nosotros le puso Cienpies a esta banda de fanáticos, calculo que lo bautizamos así porque éramos un mismo cuerpo con cientos de piernas y brazos . El nombre me encanto desde el primer momento y siempre sueño con que mi próxima película abra con un logo del mítico ( palabra que odio ) e ignoto grupo. Mítico porque éramos los mejores directores en potencia. , ignoto porque no nos dejaron o no supimos serlo. Las conclusiones sáquenlas ustedes cuando esta maldita y episódica novela termine, sobre todo en lo que a mi carrera se refiere. Pero a decir verdad por la pasión, y la garra que le poníamos nos merecíamos un póster de Drew Strewsan. La armada Branca Leone comenzaba a dejar de serlo para ser el equipo de estudiantes de cine más ambicioso del mundo. Nuestro profesor de realización 1; el Bebe Kamin, siempre nos lo decía en su tono parsimonioso : “Eso que quieren hacer es muy ambicioso ...” mientras largaba una bocanada de humo de su largo cigarrillo. Si nos daba un ejercicio en una escalera queríamos hacer la escena de Potemkin y si el ejercicio transcurría en una terraza queríamos hacer la escena de Duro de Matar con Mc Clane tirándose al vacío. Nos daban una pelotita de Ping Pong y te tirábamos mil de tenis. Un día el Bebe nos manda a hacer un ejercicio llamado “autorretrato” y mientras la gran mayoría narraba sus autobiografías mirando a cámara a mí se me ocurrió contar la historia de mi vida en un minuto pero con ideas visuales. Lo grabamos en SUPER VHS en la casa de Gustavo Mora que tenia un pequeño set con infinito blanco. Allí contaba mi nacimiento, mi historia y la de mi país ( milicos, Malvinas y democracia ) hasta llegar al momento mi muerte. Recuerdo que para lograr ese final fuimos al cementerio de Chacarita y yo me sumergí de contrabando con la cámara en una fosa preparada para el depósito de un cajón fúnebre y filme mi entierro desde las profundidades de la misma.

Luego monte todas aquellas ideas visuales que sintetizaban mi vida al ritmo de ese evangelio según Luca Prodan llamado “Que me pisen”. Y acá viene lo más épico del período de la FUC.

Una vez por mes se proyectaban todos los laburos de los alumnos en el cine de la escuela. Piensen en todos los pibes que estaban ahí en el mismo momento y lugar. Todo ese manantial de talento concentrado con ganas de eyacular historias en celuloide. Paso revista : de un lado Ulises Rosell, Rodrigo Moreno, Salvador Roselli, Paula Hernández, Mariano de Rosa, Juan Taratuto y otros y del otro lado del ring Gustavo Mora, Sebastián Valiño, Cesar Orfali, Angel Castiglia, Gerardo Rinadi y yo . El tema es que cada una de esas proyecciones de trabajos prácticos en el cine del ENERC eran verdaderas riñas de gallos, eran duelos de gladiadores en estadios romanos o duelos de patinadores en Rollerball. El clima que se vivía allí era feroz y competitivo. Habían hinchadas de uno y otro grupo. Jamas vi esa pasión en ninguna otra escuela. Proyectar algo en ese cine era como estar en un circo romano con gente que te bajaba el pulgar y otros que te vitoreaban como si tuvieras un garrote en la mano a punto de incrustárselo a otro cortometrajista. Pero a pesar de toda la competencia cruel y hasta deportiva era hermoso vivir esa adrenalina y de un modo u otro eso nos mejoraba , nos volvía mas ambiciosos como cineastas. Eso era un verdadero festival !!! Creo que no estaba permitido fumar en el cine pero no sé porque recuerdo al lugar con mucho humo, subrayando en el aire el haz de luz que transportaba nuestros micro relatos hacia el umbral de la pantalla. Habían cantitos de cancha y mucha tensión pero una vez que comenzaban a proyectar el laburo de uno era igual a salir a volar en un PA 11. Te abstraías de los chiflidos, de los insultos, de lo zapateos en el piso y uno y su intento de historia se sustentaban en el aire. Luego de los créditos hubo un largo silencio y un murmullo entre los alumnos. Nadie te regalaba nada ahí. Imagínense que era la generación dorada del cine argentino. Mucho talento , mucha pasión y muchas ganas de hacer pero también muchísima envidia. El cine es una profesión de envidiosos y me incluyo. Cuesta aceptar el logro del otro. Cuenten que cantidad de veces un colega los elogió por un trabajo. ¿Una , dos, ninguna? Esta mal pero es así. La torta es muy chica y cada vez son más los que se quieren dedicar a este delirio. Como sea, cuándo la función terminó y todos salimos apareció la verdad : las miradas de odio de muchos compañeros, los ninguneos y la reagrupación de los diferentes bandos. Eramos pandillas de cine. Pero ese día supe que había nacido para eso. Supe que podía expresarme mejor que muchos otros y también que los Cienpies manejábamos mucho mejor la técnica que los demás compañeros. Suena pedante pero era así. Luego la historia y el tiempo me darían una suculenta trompada en los huevos pero en ese momento mi banda de amigos y yo nos creíamos los mejores estudiantes de cine del universo . Esa tarde, a la salida del cine me encontré con otro estudiante que también lo supo. Con muchísima grandeza se me acerco y poniéndome la mano en el hombro me dio una lección de humildad. “Te felicito Cristian, me gusto mucho lo que hiciste”. Era mi hermano Andrei “Tarcovski” Duran. Eso para mí era el Oscar. Andrés alias Andrei era un flaco de anteojos y postura intelectual que venía de la escuela de cine de Avellaneda y se había visto todo . Sus gustos eran mucho mas elevados que los míos y por aquel entonces no era mi amigo. Por lo tanto lo que decía lo sentía. De un modo u otro Andrei también se sumo a nuestro grupo y luego se incorporarían Mariano “Richard Dreyffus” Starorsa; brillante guionista y gran discutidor de todo, la querida y luminosa Paula Goldstein , el gran consiglieri Julian Castro, la colorada Sandra Gómez y la expresionista Andrea Marra entre otros. A veces también contábamos con la ayuda de Martin Demonte y Gonzalo Arguimbau que eran como músicos cesionistas invitados. Todos ellos grandes talentos y excelentes compañeros, llenos de generosidad y entrega a la ahora de poner el hombro en cada uno de nuestros rodajes. Gran parte de mi accidentada carrera como cineasta se la debo a estos amigos. Los cimientos de todo director están construidos sobre las horas y horas del trabajo gratuito y desinteresado de un montón de amigos en sus cortos. Horas sin dormir, sin besar, transpirando o cagándose de frío y todo por el sueño y la improbable gloria de otro. Por eso entiendo la bronca de muchos amigos cuando “el director” alcanza el éxito y llama a “otros”. Cuando le cambia la mirada y comienza a vestirse y a hablar distinto. Debería haber una cláusula en la constitución que obligara a estos directores que se hacen los “distintos” a resarcir a todos los amigos que los ayudaron en sus primeros cortos. A todos estos amigos y compañeros de rodajes va mi mas eterno agradecimiento y mi más sentido perdón porque sé que he sido muchas veces ingrato y descortés. A veces sueño con re encontrarme y volver a hacer una película con todos ellos. Jamas me divertí tanto filmando . El problema con esta profesión es que a medida que se vuelve más sofisticada e industrial mas se parece a un estudio contable. Por eso hay tanto cine correcto , sin saltos de eje , con todo en foco, pero sin amor. El cine con amor estaba en las escuelas de cine y creo que estas también se han profesionalizado tanto que en la actualidad la jeringa de la pseudo industria ha hecho estragos por allí.

Pero volviendo a la época del amor , mi autorretrato había causado bastante entusiasmo entre los profesores. Juan Bautista “Elio” Stagnaro, excelente profesor de la cátedra de guión y parte del consejo académico, lo vio y decidió que la escuela lo enviaría al festival de La Habana a un sección de ejercicios de escuelas de cine , creo. El corto quedó seleccionado y cuando me entere de ello fue como ganar en Cannes. Me sentía orgulloso de mi logro. Nada ni nadie me podría convencer de dedicarme a otra cosa y si alguien osaba sugerirlo lo cagaba a trompadas. Nuevamente las partículas de gloria volvían a flotar en el aire. A partir de ahí cada vez que filmábamos algo apuntábamos a esa excelencia. Pero no solo se trataba de filmar , también de aprender y todos los martes a la tarde en una aula que parecía magna por la disposición escalonada de sus asientos se daba el encuentro con el mejor profesor que tuve en mi vida ( junto a José Martínez Suarez que entrara mucho después en este biopic ). Todo lo que se de cine, de estructura dramática, de mitología e incluso de historia argentina, se lo debo a el. Toda la semana esperaba sus clases hambriento de una nueva verdad sobre la narración cinematográfica . Curiosamente no era el profesor de realización ni de guión. Era Miguel Pérez , nuestro maestro de montaje. Allí supe de Joseph Campbell y su teoría del monomito, de los griegos, de psicoanálisis, de la mano maestra de Coppola en el padrino ( la vimos cuadro a cuadro) y aprendimos sus virtudes pero también sus defectos de puesta en escena. Como en una clase de anatomía de la facultad de medicina Miguel hacía verdaderas autopsias de películas para entender porque estas nos llegaban al alma pero también para ver sus huesos con osteoporosis. Del mismo modo analizaba nuestros ejercicios con minucioso rigor. A veces esto provocaba gracia porque muchos de los cortos/ ejercicios eran un desastre. Recuerdo que un compañero nuestro había hecho un corto que si se mostrara hoy, recibiría un repudio total del colectivo feminista. Era absolutamente barbárico y pretendía ser “El ultimo tango en Paris” pero parecía una de Emilio Vieira . El corto en verdad era un excusa de su realizador para tener escenas calientes con las actrices. El lo dirigía, lo escribía, lo producía y lo actuaba . Cuestión que un día le toco a Miguel Pérez hacer la disección órgano por órgano de este mamotreto. Uno de nuestro compañeros, Angelito Castiglia, comenzó a tentarse mientras Miguel trataba de dar un veredicto sobre la estructura narrativa del mismo. Ángel tenía un serio problema , creo que lo sigue siendo, que consistía en que una vez que se tentaba no podía parar hasta llegar al estallido . Trataba de taparse la boca, de contener el aire. Durante prolongados minutos sufría y sentía convulsiones epilépticas . Un ejercito de reidores y expertos en cosquillas parecían trabajar a toda maquina en sus sobacos para que se rindiera, se destapara la boca y liberara esa primer risotada primal que además de ser compulsiva era muy contagiosa. Y eso fue lo que paso durante la proyección del corto. Juaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh !!!!!!!! y vemos a Ángel doblado , vomitando, llorando, al tiempo que todo su cuerpo bailaba al ritmo de sus risotadas. Para rematarla el gordo Denari, un compañero nuestro famoso por su sinceridad brutal , emitió un alarido a modo de sentencia final : Es muuuuy maloooooo !!! Y acto seguido todos estallamos al unísono . No recuerdo la cara del director del corto pero sí la de Miguel Pérez. Fue la única vez en mi vida que lo vi gritar : Se callan señores !!!! Y ahí estaba el gran Miguel intentando calmar a las fieras para seguir analizando ese esperpento. Calculo que en su interior también había una columna del sindicato de reidores meándose a carcajadas pero era tan respetuoso que se tomaba su tiempo en marcar la catarata de horrores narrativos del corto.

Entre clase y clase estaban las paradas en el mítico bar de la FUC. Allí se tejieron los mejores guiones jamas filmados del grupo Cienpies. Yo no tomaba en horario de clase ( por la noche sí y mucho ) pero aprovechaba para fumarme un Parisienne e idear historias y canjear otras. Otros compañeros míos se clavaban un trago especial :“el Cáceres”, que consistía en cerveza con un poco de gin ….. todo combustible era bienvenido en pos de conseguir una gran historia. El mundo nos chupaba un huevo. Que edad , que hermosa es la juventud!!! Soñábamos que las mejores versiones de nosotros mismos estaban por venir aunque no nos dábamos cuenta que esa era la cima, que esos instantes debatiendo a viva voz sobre Bucowski, Miller, Kerouac, Coppola, Tarcovski, Spielberg eran absolutamente descartables pero apasionantes .

Se discutía a cualquier director. Una vez en plena clase discutí sobre Alain Resnais con Alejo Shatski, el alumno mas culto de la FUC, que se indignaba con justa razón cuando yo le decía “Que Resne , Resne Houseman?” . Estábamos en el clímax de nuestras vidas creativas y no nos importaba nada. Ni la guita, ni los premios, ni el ego, ni las putas criticas . Todavía esos virus de mierda no nos habían infectado . En aquel momento solo importaba soñar y filmar lo que se soñaba. Luego de esas tardes en el bar de la FUC venían las clases de historia del cine a cargo de Claudio España. Claudio era un profesor grandioso, una suerte de standapero cinematográfico, un exquisito, un parlanchín y una suerte de mago hipnotizador, aunque a veces la pifiaba feo en su veredictos. En el 82, en el diario La Nación, escribió que Blade Runner era mediocre y con una insulsa actuación de Harrison Ford. Diez años después en una de sus clases diría que era una de las mejores película de la historia del cine. Claudio sabía de historia del cine como pocos , su problema era que cuando oficiaba de crítico creía que tenía el horóscopo de Horangel para saber que iba a perdurar y que no. Y esa bola de cristal no la tiene nadie. Igual sus clases eran maravillosas. También recuerdo a Trilnik y sus incomprensibles clases sobre “video art”. Eran horas de teorización sobre algo que calculo se emparentaba más a lo que alguna vez habrá sido el cine experimental. Un día nos encargo hacer a todos un video art ( pronunciando la palabra art con mucha floritura ) y en el medio no sé que discusión tuvo con el Gordo Denari. Para la próxima clase todos trajimos nuestros video arts y cuando le toco el turno a Denari este se dio vuelta hacia toda la clase y al mejor estilo Jorge Porcel cuando miraba a cámara para encontrar complicidad en sus chistes agarro y nos dijo “Quere videoar, toma videoar” y apretó la tecla play de la VHS. El videoart era una sucesión de planos de el sentado en un sillón, tomando vino, morfando papa fritas, fumando porro y tomando merca intercalados con todas las variaciones posibles de flatulencias y eructos . Era cine Avant garde filmado con cortes en el eje o jump cuts que hacían que Godard pareciese Enrique Carreras en su peor momento. Nuevamente la carcajada de Ángel Castiglia volvía a tronar en la clase y con el todos nosotros caíamos al piso víctimas de sus risotadas que ya a esta altura eran una pandemia.

Un día a la semana veíamos dirección de fotografía con Salvador Melita que también nos enseñaba con pasión la materia mas científica y exacta de la carrera, aunque jamas logre entender que carajo era el sistema zonal de Ansel Adams.

El profesor más duro de todos era el de guión ; Gustavo Bonifacini , que cada vez que le llevabas un guión te lo tiraba por la cabeza diciendo “Acá no hay conflicto”. Y tenía razón. No lo había. Gracias a el me dedique a estudiar esa palabra esencial para cualquier historia.

Y así pasaban los días hasta la próxima clase de Miguel Pérez, la cual esperábamos todos con ansias. A veces un solo profesor bien vale bancarse una carrera repleta de docentes mediocres. Durante ese primer año no paramos de grabar todo tipo de cortos. Gustavo Mora filmo un sueño de Dalí con guión mío, el Turquito Orfali hizo un plano secuencia que hacía que el pedante de Iñarritu pareciera un camarógrafo de piso del viejo canal 9, Sebas Valiño filmo “Rolando” otro guion que escribí sobre un tachero que ama y cuida su 404 y un día es abordado por dos novios psicóticos que se suben al mismo y mientras van rumbo a la iglesia comienzan a cojer y destrozarle todo el taxi. En ese corto conseguimos filmar en una iglesia gracias a un cura amigo de mi tío. Armamos una escena de violencia, piñas y tiros en el interior de la parroquia y tiramos varios bancos y casi derrumbamos un Santo. El quilombo fue tal que hizo que el cura frenara la filmación amenazando con echarnos . Lo distraje y los muchachos siguieron grabando. El corto tenía de todo y prometía ser una bomba pero nunca supe por que carajo Sebastián jamas lo editó. Aún hoy me dan ganas de verlo. Gonzalito Arguimbau, interpreto al personaje del novio en un papel descomunal. Luego de esto Gonzalo se sumaría casi como miembro fijo del grupo CIENPIES y actuaría en muchos de nuestros cortos incluyendo mis dos largos : 76 y Regresados. Gonzalo tenía y tiene el mismo talento que De Niro, Pacino, Penn, Phoenix, Day Lewis, Mc Conaughey o Rourke. No exagero. Los actores argentinos por lo general son demasiado solemnes. Gonzalo no. Es un clown delirante. Tenia mucha facha y la prepotencia y bestialidad de un caballo loco. Es uno de los mejores actores con los que trabaje en mi vida y aún hoy estoy en deuda con el. Le debo un gran papel. La pelea no termina hasta que termina querido Gonzalo.

Pero regresemos a la FUC y a los magníficos Cienpies. Eramos arrogantes y ambiciosos ( como nos decía el Bebe ) y queríamos cambiar el cine Argentino. En el bar de la FUC y en las tertulias que seguían en mi casa , solo hablábamos de eso. De cómo íbamos a cambiar el cine Argentino para siempre. Estábamos convencidos que habría un antes y un después de nosotros. Estábamos harto podridos del cine argentino que nos precedía. Para nosotros a excepción de Aristarain solo se salvaban “Hombre mirando al sudeste” y “La película del rey” por su valores narrativos y por su condición de ficciones cinematográficas puras. Pero todo el cine político de denuncia post dictadura para nosotros estaba agotado. Tampoco amábamos a Favio como suelen declarar muchos colegas de mi generación y cuya influencia muchos críticos le adjudicaron a todos los directores del nuevo cine argentino. A mí me parecía que Favio encuadraba bien pero narraba toscamente. La única película que nos gustaba de el era “Soñar soñar” ( película que amo y de la que me conozco todos los diálogos) pero el resto nos parecían barrocas y mal actuadas. Nuestro héroe no era el. Nuestros próceres eran Cassavetes, y Scorsese en primer lugar, luego cabeza a cabeza Spielberg y Coppola y De Palma y Carpenter en el quinto y sexto puesto. Con Gustavo Mora soñábamos con viajar a California e ir a golpearles la puerta y llevarles todos nuestros cortos para que los vieran y nos dieran su visto bueno. Estábamos convencidos que si lográbamos mostrarles nuestros trabajos seguro que nos iban a contratar para producir nuestras próximas operas primas. Ese era nuestro sueño de borrachos. Que pedazos de delirantes. Que disparate hermoso !!! Yo creo que en parte por eso dejábamos la vida filmando cortos y ejercicios todos los fines de semana. Por aquel entonces mi viejo se fue a vivir con su tercer o cuarta mujer y nos dejo el departamento que alquilaba a mí y a otros dos amigos del grupo Cienpies, el Turco y Ángel que colaboraban con el alquiler. A partir de ahí ese departamento se transformó en un tugurio de cine. Todas las noches nos juntábamos todos los Cienpies a ver películas y a seguir hablando de cine. El turco que era actor y estudiaba con Lito Cruz vivía trayendo actores y actrices y la casa era un desfile de Brandos y potenciales Hupperts y Streeps. Jamas me voy a olvidar de esas noches. Eramos “Paris era una fiesta” . Una tarde mientras veíamos “Mean Streets” por quinceava vez y el Turquito nos recitaba de memoria todos los diálogos de De Niro incluido el mítico “ A Mook , whats´ a mook !!!” y nosotros estallábamos a carcajada limpia sonó el timbre e interrumpió la fiesta. Cuando abrí la puerta hizo su aparición un amigo de Angelito que estudiaba en la FUC pero en otra comisión. Su imagen parecía sacada de una película de los Cohen. Era alto, de contextura grandota , con barba medio rojiza, vestido con una camiseta de Racing y en bermudas y zapatillas. Y ahí nomas me dice “Que haces loco, yo soy amigo y compañero de Ángel , ustedes no me conocen pero yo a ustedes si y los admiro y les quería mostrar un corto que acabo de terminar de editar”. El loco, agarro , entro con su bicicleta que había subido al ascensor sin la menor autorización y se metió en mi casa . Repitiendo el mismo monologo que me había dicho a mí, se presentó ante el resto de los Cienpies, saco de su mochila un VHS y eyecto “Mean Streets” de la videocasetera. Había que tener muchos huevos para cometer ese sacrilegio en nuestro bunker. Accedimos y nos pusimos a ver su corto dispuestos a bajarle el pulgar a los dos minutos para poder seguir viendo Mean Streets. Pero el corto se veía distinto. No era VHS , ni SVHS compacto, ni 8 ni HI 8 ni toda la basura en la que nosotros solíamos grabar. Era fílmico. 16 mm que era lo mas cercano a manejar un coche de alta competición. El argumento trataba de un tipo al que tenían secuestrado en una suerte de galpón y estaba solo y de repente aparecía un mosquito. Era la batalla del personaje con el insecto al ritmo de Nikolai Rimsky Korsakov. Jamas había visto un corto tan bien contado en mi vida. Los planos, los movimientos de cámara que volaban por el aire , los ultra gran angulares, la banda sonora y la actuación desaforada de Luis Aranosky hacían que “The end, ultimos diez minutos” fuera “el Ciudadano Kane” de los cortos. Ese era el cine que queríamos hacer nosotros. Nada de costumbrismo y naturalismo!!! Cuando termino el corto hubo un silencio absoluto, mortuorio. Nos habían tirado un torpedo al centro del ARA Cienpies. Esto no era un ejercicio, era una puta obra maestra. Lo felicitamos y trate que se fuera lo antes posible para reordenar a la tropa y ver como hacíamos para hacer algo tan bueno como lo que acabamos de ver. Surgió el maldito “con producción cualquiera” pero en el fondo de nuestros corazones sabíamos que no era eso. En lo que acabábamos de ver había un director muy talentoso que nos llevaba varios miles de kilómetros de distancia. Flavio Nardini nos enseño esa tarde que nuestro talento no estaba a escala con nuestro ego. Principal problema de todo cineasta : ¡Guarda con la escala que crees tener de vos mismo que puede que no sea real!. Para tratar de apaciguar la paliza Ángel nos explico que Flavio era creativo publicitario, que lo había filmado con un equipo técnico de profesionales y que había invertido todos lo que ganaba en publicidad para hacerlo. Pero eso no me consolaba. Como se hacía para hacer un corto así? . Era el guión?. Eran los planos? Era el uso de la banda sonora? Eran las películas que el había visto y nosotros no?. “The End” me atormento durante varios meses y me influenció profundamente cuando dos años después rodé mi primer corto en 35 mm. Lo que acabábamos de ver era un formula 1 y nosotros un maldito karting a pedal. Algunos meses más tarde Flavio volvió a aterrizar en el búnker con Angelito Castiglia. En esa época yo y el turco nos ganábamos el mango filmando casamientos, jardines de infantes y fiestas de 15. Socialeros se le decía. Con lo que ganábamos nos habíamos comprado dos caseteras Súper VHS profesionales , una consola de edición y la archifamosa cámara M 8000 . Prehistoria pura. La cosa es que Flavio tenía que editar unos laburos y los necesitaba con urgencia. Antes de meternos a laburar nos pusimos a charlar y Flavio pelo un porro. Jamas en mi vida me había fumado uno pero no quería que pensara que yo era un pendejito careta y me prendí a darle unas pitadas. Al principio no sentí nada pero a medida que transcurría la conversación comencé a sentir algo extraño. Las voces no salían de las bocas de Flavio y Ángel. Me habían cortado el audio de la escena. Solo veía que gesticulaban, movían los labios y se reían sin sonido. Pensé lo peor. Que se estaban riendo de mi y para tratar de que no se dieran cuenta que había perdido el sonido asentía a cada cosa que me decían pero cada vez se reían más y con cada risa me comía más y más la cabeza. Me aleje de ellos y me encerré en la cocina y como si de una película de terror se tratara comencé a ver que el piso de la cocina se inclinaba y me transportaba en tobogán hacia la mesada donde yacía un cuchillo filoso. En cuanto vi ese plano detalle decidí salir de la cocina, pase por delante de ellos y seguí de largo hacia el baño. Una vez adentro , trabé la puerta, me saque la ropa y me metí en la ducha pensando que quizás un baño de agua fría me sacaría todos esos pensamientos de mierda que estaban invadiendo mi cabeza. Pero con el porro no funciona así. Desnudo y sin secarme salí del baño y me fui hacia mi habitación y me tape hasta la cabeza. Estaba temblando producto del frio y de ese viaje interestelar que me había causado ese porro digno de la NASA ( como dice un personaje de belleza americana ). Al rato Flavio y Ángel se asomaron por mi habitación para ver que me pasaba dado que teníamos que arrancar a editar. Les pedí que se fueran, que me dejaran solo. Prácticamente los raje de casa. Los dos accedieron a mi pedido y ahí me quede por varios minutos. Tendido, temblando y esperando a que el sueño me ganara la pulseada. Pensé que el mal viaje era producto de mi inexperiencia con la marihuana, pero luego de un rato me di cuenta que mi knock out técnico había llegado a destiempo. Que en verdad mi subconsciente había sacado a flote mi celos y mi bronca por el corto que Flavio me había mostrado hacía un par de semanas. Así funciona las psiquis de un cineasta miserable y engreído. Me habían cagado a trompadas y me lo merecía. Dos años después Flavio me volvería a demostrar lo grande y generoso que era. En el cine uno se encuentra con muy pocos hermanos y yo ya me había encontrado con uno pero todavía no me había dado cuenta. Final de la primer temporada de la FUC.

https://www.youtube.com/watch?v=RL1WRWlUP7c

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©2019 por Cristian Mariano Bernard.

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