• Cristian Bernard

EPISODIO 8 : FILMAR POBRES

Actualizado: 4 de dic de 2019


Como en casi todas las grandes series, casi siempre las segundas temporada son un fiasco. Mi segundo año en la FUC no fue la excepción a esta regla. Los motivos son variados pero hubo un motivo paradojal al que especialmente le adjudico el declive. Durante el segundo año la FUC comenzó sus tramites para transformarse de Fundación a Universidad. El tan mentado y prometido titulo de realizador cinematográfico estaba en marcha pero curiosamente esta necesidad de transformar un lugar lleno de energía y “ganas de hacer” en un establecimiento de índole académico lo termino burocratizando, llenando de cargas horarias con materias que poco o nada tenían que ver con el cine. Un grupo de personas especializadas ingreso al establecimiento y comenzó a trastocar los programas y la sensación que yo y algunos de mis compañeros teníamos era que estaban extirpando con escarpelos toda la magia y mística del año anterior. De repente aparecían materias que se parecían mas a las del Salvador en Comunicación Social que a las de una carrera de cine. Mi principal señal de alerta vino cuando un docente de una de estas materias nos dijo en clase : “Yo les voy a enseñar a ver cine” . Quien te puede enseñar a ver cine?. Y ahí empezaban esas bobadas sobre el Kitsch, el Camp y todas esas subcategorías de mierda que a los críticos les encanta y que han transformado a los directores de cine en peluqueros o decoradores de interiores. Poco a poco la carrera se iba orientando mas hacia los críticos que a los hacedores. Materias como semiótica me parecían soporíferas, incomprensibles e inaplicables. Incluso materias como sonido comenzaban a mimetizarse en este lodazal de pretensión universitaria. Un día estábamos en clase de sonido y el profesor nos tomo examen oral. Esa materia era la única que compartía con Flavio Nardini. El examen era escrito y una de las preguntas era “definición de tono Piloto”. Apenas empezado el examen Flavio levantó la mano y con un rostro rojizo muy característico de el cuando se enoja preguntó -¿En serio que tengo que dar la definición de tono piloto?”. El profesor asintió con sequedad y Flavio fue a por mas. “Como me vas a tomar definición de tono Piloto man!!!” Recuerdo que cuando dijo “man” nos cagamos de risa. Flavio estaba hecho una furia. ¡Para que mierda me puede servir saber que es el tono piloto, yo quiero filmar historias loco, esto que me estas tomando es una reverenda pelotudez”. El profesor le dijo que no le iba a permitir que hablara en esos términos y Flavio se levanto de sus pupitre y agarrando sus cosas se encamino hacia la puerta. El profesor intento que volviera al asiento y prosiguiera con el examen pero a esta altura Flavio era una suerte de tornado letal que se dirigía presto a llevarse puesto a todo lo que tuviera por delante de el . A poco de llegar a la puerta y cruzarla se detuvo, se giro hacia nosotros y nos dijo: “Este lugar ya no sirve , filmen cortos muchachos, es la única manera de aprender !!!”. Y cruzo la puerta y no volvió nunca mas a la FUC. Se iba el tipo mas talentoso, frontal y apasionado que había conocido entre mis compañeros. Esa fue la primera deserción memorable que recuerdo. Era el mismo loco que el año anterior había caído a mi casa a mostrarme su obra maestra, el mismo que me dio el porro de la NASA y que ahora como una suerte de guru lunático nos señalaba el futuro. Meses después seguirían los problemas. Si bien no había centro de estudiantes existían reuniones de alumnos que servían para plantear nuestra inquietudes a las autoridades . A todo se nos decía que sí pero después nada de lo planteado se solucionaba. En esa época, la FUC no tenía equipos para fílmico. Solo se filmaba en SUPER VHS y HI 8. Pensar en 16 mm o 35 mm era como soñar con manejar un Formula 1. Al mismo tiempo sufríamos las clases de nuestro profesor de realización Oscar Barney Finn. Si bien tenía una gran trayectoria y una obra bastante extensa sus clases solo consistían en relatarnos anécdotas con Julia Von Grolman y China Zorrilla y luego cuando le pedíamos que nos enseñara alguna técnica se enojaba y se iba al pizarrón pidiéndonos que nosotros le planteáramos los temas que queríamos aprender. Con Barney Finn aprendí todo lo que no hay que hacer como docente. En mis catorce años como profesor de realización del ENERC trato de no contar anécdotas y de preparara milimétricamente mis clases que consisten en enseñar el oficio de un realizador y solo recurro a mis experiencias de rodaje cuando no me queda otra opción y sobre todo para contar en que falle. Un día viene Mariano “Richard” Strarosta y me habla de unas clases a las que sí o sí había que asistir. Eran las clases de Jorge Polaco. Al parecer el método de Polaco consistía en sacar de la zona de confort a los alumnos. Mariano me contaba que lo había hecho pararse frente a todos sus compañeros y cantar el himno nacional a viva voz. La experiencia me parecía delirante y me mande a presenciar una clase suya desde el fondo del aula. Durante las dos horas que duro su clase, Polaco hablaba que teníamos que filmar lo que nadie quería ver. Que lo mas interesante de filmar eran las inmundicias humanas. “Ustedes tiene que filmar porquerías , por ejemplo el fondo de una cartera de mujer, alguna vez vieron lo que son los fondos de las carteras de las mujeres?. Llenos de papelitos, y caramelos masticables con pelos pegados” . Luego agarraba y nos ponía un VHS con una pelea de Margotita desnuda en una película suya y la comparaba con una escena de acción de Terminator y nos preguntaba cuál escena nos parecía mas violenta. Por supuesto todos respondían que la suya mientras yo desde el fondo y agazapado gritaba “!Terminator, Terminator !!!!” Y el miraba hacia el fondo de la clase tratando de dar con el sacrílego que profería y prefería una hamburguesa a su exquisita trufa. Entre la burocarcia y el delirio académico pudimos unirnos y hacer que Barney Finn renunciara y llego Daniel Pires Mateus en su reemplazo y la verdad que fue un balsamo y una inyección de energía atómica. Daniel era un gran motivador. Un Bambino Veira del cine, en el buen sentido de la comparación, ya que trasmitía una pasión descomunal en cada una de sus clases. Ese año todos debíamos presentar un guión de cortometraje. Ya no se trataba de meros ejercicios sino que los mejores guiones serían producidos por la escuela. Y ahí no mas empezó una carrera tan competitiva como la carrera espacial para poner un hombre en la luna. Yo no tenía ninguna historia que contar. No se me ocurría nada que mereciera ser filmado. Quería hacer una corto tan brillante como “The end” , no quería filmar a dos tipos hablando en un bar a través de una ventana, odiaba esos cortos. El corto debía ser un antes y un después y ayudarme a realizar ese viaje a Los Angeles para encontrarme con Spielberg. Así de desmesurado era yo en aquellos años de juventud. Pero que podía contar que fuera tan interesante. El corto debía contener a todo el cine que amaba. Debía ser una carta de amor al cine y a su vez una declaración de principios sobre el cine que deseaba hacer de cara al futuro. Si ese iba a ser mi primer corto en le escuela debía representarme de cabo a rabo, pero ojo debía tener una particularidad. Necesitaba una idea. Siempre necesite de una idea. Lo mío no es el retrato ni la contemplación. Detesto esas películas. Ese es el anticine para mí. Siempre lo fue y siempre lo será. Como siempre , no sabía muy bien que película quería hacer pero sabía todo lo que no quería filmar. Ya desde aquel entonces para mí no había película posible sin una idea brújula y la idea brújula tenía que poder ser contada en tres líneas. Pero cuál era esa idea?. Dónde estaba?. A que genero debía pertenecer?. Que es lo que no se filmaba en Argentina?. Que genero no se solía visitar? Que genero era el que me había enamorado por primera vez con el cine?. La ciencia ficción. Pero para. para, para , no, no, no ,no, ni en pedo . Ese genero no. Antín me había dicho hacía unos meses, cuando le mostré mi corto “La Ceguera”, que ese era el genero que no debíamos filmar nunca. Que los europeos no querían ver eso de nosotros. Que los Festivales Internacionales querían ver pobres. De un modo u otro me estaba sugiriendo que había que filmar lo que ellos querían ver. Cuando escuche ese consejo de Manuel odié lo que me dijo. Me parecía calculador y cínico en extremo pero hoy, viéndolo a la distancia, tengo que reconocer que tenía absoluta razón. Creo que parte me lo dijo en joda, con ese finísimo sentido del humor negro que lo caracteriza, y parte muy en serio. De hecho los festivales internacionales, los fondos y los labs tipificaron el cine que latinoamérica puede hacer. Esta ese cine, el de Suar y en el medio la nada misma. Igual todo esos consejos me los pase por donde solía pasarmelos y un día, en el bar de la FUC, mientras mis compañeros del grupo Cienpies se enredaban en eternas batallas sobre tal o cual director comencé a acariciar la idea rectora para mi corto. Sentado , con la mirada extraviada en el techo del bar, pude encontrar el Aleph. Allí , luego de semanas y semanas de vacío creativo, pude dar con la bendita “idea”. Eran los años de Menem y yo lo detestaba con todo mi alma. Debía mezclar el genero fantástico con lo que se estaba viviendo en ese momento que era la épica del darwinismo social. La filosofía del mas apto. Por aquel entonces en todos los canales de televisión se pregonaba el libre mercado y esta suerte de evangelio neoliberal era esparcido por Bernardo Neustadt y sus entrevistas a jóvenes formados en las mejores universidades económica norteamericanas. Uno de sus habitués en su programa era el joven y brillante pastor económico Martín Redrado. Y ahí nomás mediante esta serie de preguntas nació la historia :

Que tal si un tipo como Martin Redrado es el protagonista de mi historia.

Que tal si el corto arranca en la Bolsa de Comercio.

Que tal si este yuppie esta ganando mucha guita al cierra de la misma y después lo vemos en un vestuario cambiándose el traje por una ropa de running y acto seguido sale a correr por la ciudad .

Que tal si el tipo lleva unos walkman y escucha FM Aspen.

Que tal sí luego de varias cuadras la musiquita se corta y una voz extraña , marcial, con tono de comunicado anuncia que se acaba de declarar estado de sitio, que nadie deber permanecer en las calles y que acaba de acontecer una invasión extraterrestre.

Que tal si el yuppie desesperado empieza a ver las mismas cosas que el locutor de radio va narrando.

Que tal si la locución del locutor esta basada en la Guerra de los mundos de Orson Welles.

Que tal si Buenos Aires esta vacía, al mejor estilo Omega Man con Charlton Heston.

Que tal si en el tercer acto el yuppie se antrinchera en su loft que debe remitirnos a una publicidad de colonia Colbert.

La idea por ahora va genial.

Que tal si el tipo le dispara a una silueta que es su novia y en los ultimos segundos vemos al locutor en su estudio de radio repitiendo el experimento de Orson Welles con el texto de la guerra de los mundos.

Que tal si el Yuppie ve a un policía tipo Swat ingresando a su casa y lo confunde con el Eternauta que viene a salvarlo.

Pero como se llama el corto? Tiene que tener un titulo tan bueno como la historia que se me acaba de ocurrir.

Que tal si se llama “Encuentros Lejanos” y de paso homenajeo a mi maestro con una carta de amor a su cine .

Que tal si logro filmar este delirio y viajo a Los Angeles y consigo mostrarle el corto a Spielberg.

Aquella tarde , en la mesa del bar de la FUC y casi con esta secuencia cronológica de preguntas que acabo de narrar nació la idea brújula del corto. A partir de “Encuentros Lejanos” muchas cosas cambiarían para mejor y para peor . “Encuentros Lejanos” sería el primer plot point que abriría el segundo acto de mi vida. Allá vamos.


https://www.youtube.com/watch?v=Rikqcbg1Fc0

 

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