TELL ME, DON´T SHOW ME

Actualizado: 17 de jun de 2019


Es pleno diciembre, voy caminando por la avenida Corrientes con mi remera de Springsteen on Broadway, cortesía de mis queridos amigos Alicia Irene Gambutti y Justin Ashcenbrand , y me meto en una librería a comprarle un libro a un amigo . El librero, un flaco de barba y anteojos con toda la pinta de "filosofía y letras" me dice que no tiene lo que busco y cuando me estoy yendo me para y me pregunta “Estuviste, lo pudiste ver?”. Le respondo que no, que lo voy a ver cuando se estrene en Netflix, que la remera me la trajeron unos amigos . Y el flaco me responde “Yo lo vi, la entrada me la regaló un amigo que vive allá. Fue hace dos meses. Lo vi en primera fila. Preparate. Nunca vas a ver nada igual.”

Al mes se estrenaba en Netflix y al instante, con los ojos llenos de lagrimas comencé a hacerme las siguientes preguntas. ¿Como puede ser que nadie este hablando de esto que acabo de ver?. ¿Como puede ser que ni un puto músico de rock argentino haya realizado un fucking comentario en una red social? ( solo lo leí a Grinbank que no es músico). Como puede ser que todos estén hablando de esa bossssta llamada “Roma” y nadie de esta maravilla?. ¿Como puede ser que no figure ni en tendencias, ni en recomendados , ni siquiera en el menú principal de Netflix?. ¿Como puede ser que una joya absoluta como este show haya pasado sin pena ni gloria en ese enorme black hole ( como le dice un amigo ) que lo contiene todo, pero también lo devora todo como es Netflix.

Springsteen on Broadway no es un recital. Tampoco un unipersonal. Springsteen on Broadway es una gran película. La mejor del 2018 junto con First Man. La película de la vida de un tipo que invento un personaje basado en su padre. Un working clase hero. Por eso Bruce se viste como se viste. Con su remera negra, sus levis gastados y sus borcegos lacerados. Aunque Bruce nos confiesa que jamas en su puta vida trabajo en una fabrica y que jamas se movió de su hometown ( salvo una breve parada en Hollywood ). Soy un fraude nos dice , pero que bien que les conté todas esas mentiras. Y es que en realidad Bruce es un narrador de las historias de la gente de su tierra prometida ( los perdedores de Nebraska, los olvidados de Galveston, los laburantes de Darlington County y las mulas chicanas que cruzan el desierto de Nuevo México ) y en este caso elige contarnos por primera vez la suya entre canción y canción. Cada detalle, cada matiz, los olores de su Freehold natal , la depresión de su viejo, la alegría italiana de su madre, su banda inseparable de amigos, su perseverancia con su arte aunque no sea un virtuoso como Hendrix, todo eso es Bruce. Cuando agarra el piano y nos cuenta el espíritu de su madre al ir a laburar , uno sabe que esa pasión es la que pone en cada recital que da. Yo lo vi en GEBA bajo la lluvia tocando casi 4 horas seguidas en el 2013 y era más tano que la tarantela, no había nada de yanqui en el. Cuando narra a su viejo en el bar , bebiendo compulsivamente, y él, un niño de 10 años , tiene que entrar al mismo para ir a buscarlo y llevarlo a su casa, eso también es Bruce que heredo la depresión irlandesa de un veterano de la 2da guerra mundial. De ahí su angustia y su empatía con el hombre común que labura y labura y nunca llega a ninguna parte salvo a la barra de un bar para descargar su viaje sin destino. Springsteen es un narrador extraordinario y modula la voz como un Orson Welles callejero. Cada matiz, cada susurro, cada quiebre, cada distancia del micrófono, cada risa y subida de voz contribuye a que evoquemos , a que completemos con nuestra imaginación las imágenes de su vida . Por primera vez un recital tiene la capacidad poética de la literatura y nos permite a nosotros proyectar con nuestra imaginación. Por primera vez se rompe ese falso mandamiento cinematográfico que es “Muéstrame , no me cuentes” . Acá se da el caso inverso, necesitamos que Bruce nos cuente su historia con ese detalle microscópico, con esa vitalidad sobrenatural, para que podamos ver. Y durante casi tres horas vemos todo lo que nos cuenta.

Acá no necesitamos ni de pantallitas, ni de proyecciones ni de mapping, ni de toda esa mierda a lo Roger Waters y U2. Acá hay solo vida, muerte, risas , baile y tristeza como cuando dice “Cuando se fue Clarence fue como perder a la lluvia” y uno siente en el alma un travelling que se aleja del Big Man como en una película de Spielberg y luego de ese emocionante viaje por la fabulosa E Street Band , nos cuenta acerca de dos amigos suyos, Walter y Raymond Cichone, los dos mejores músicos de rock que conoció en su vida , que jamas llegaron a sacar un disco y toma otra guitarra acústica y nos cuenta el porque de estas carreras truncas y a hace una versión de Apocalipsis Now o mejor dicho de Born in the USA, y de golpe estamos navegando por el río Mekong a bordo de una lancha artillada al ritmo de una guitarra con slide. Para luego hablarnos del amor a su mujer , compañera y madre de sus tres hijos, y para finalmente hablar que debemos agarrar de la mano a los nuestros y alejarlos de nuestros fantasmas para acompañarlos al futuro. Sobre el final Bruce nos cuenta que mientras escribía ese gran libro que es Born to run, una día regreso a la casa de su infancia y que el árbol en el que solía jugar ya no estaba más . Nos dice que se ha ido, como sus padres y sus amigos pero que sin embargo seguirán a su lado, y que por eso hace música. Para sentir sus presencias, sus abrazos , para que sus vidas habiten nuestras memorias . De eso se trata la música, el cine, de eso se trata el arte y de eso se debería tratar la vida.

 

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