La sonoridad de lo siniestro


Pocos compositores han alcanzado la sonoridad de lo siniestro: Giörgy Ligeti, en el campo de la música clásica; Wendy Carlos, en la música electrónica experimental, Bernard Herrmann, en el cine clásico. Quizás también Tangerine Dream, Vangelis e incluso Trent Reznor, en el campo del hard rock electrónico.

Estos y algunos otros compositores fueron motivo de largas charlas con Pablo Borghi. Muchos de ellos, sobre todo Herrmann, sirvieron de base para que este compositor llegara a las profundidades de la mente de un asesino. Porque la película no es otra cosa que el viaje hacia la conciencia de un criminal. Un estado mental alterado. Un viaje por los intrincados ríos y senderos de la culpa. La ruina circular que sirve de clave de wifi y que se replica como un loop maldito sin salida, sin escape, como reza el tagline de la película.

Una de las cosas que se reitera una y otra vez a la salida de los cines, también como un loop, son los comentarios de los espectadores que expresan su sorpresa ante la película y, por sobre todas las cosas, ante el extraordinario y monumental soundtrack que compuso Pablo Borghi.

Y es verdad, gran parte del éxito artístico de Ecos de un Crimen, de sus grandes climas, de la tensión exasperante, de la inminencia de lo siniestro, se lo debo a Pablo, que poco a poco y con una meticulosa obsesión e inconformismo, logró lo que lograron los grandes compositores antes mencionados. Es curioso también que el público salga sorprendido de la sala por haber escuchado un soundtrack de tamaña sonoridad. «Me cagué de miedo con la música», me dicen algunas personas. «Nunca escuché algo así en una película argentina», agregan otras. Y no es que no tengamos grandes músicos de cine en la Argentina sino que los directores han abandonado este recurso artístico y narrativo, por considerarlo redundante, obvio, fuera de época y hasta «grasa». Pero hay otro dato importante: la música de cine mundial ha abandonado un recurso poderoso y narrativo como el leitmotiv, que es justamente lo que se destaca en el tremendo soundtrack de Pablo. El tema de los títulos —Un lindo lugar— que, con su sonoridad orquestal de cuerdas, nos avisa progresivamente que veremos una historia de horror y suspenso. O la maravillosa Canción de Ana, una canción de cuna agusanada que presagia la peor de las tragedias. O el monumental La batalla final, en el que Pablo hace una virtuosa mixtura entre el clasicismo épico de las cuerdas y lo mecánico e inhumano de los sintetizadores; el hombre contra una máquina de matar.

Uno de mis pasajes favoritos del soundtrack es Las huellas de Ana, en el que confluyen todos los leitmotivs que revelarán el verdadero villano de la historia.

Para lograr todo esto, Pablo compuso gran parte de la música para orquesta de cuerdas, brillantemente interpretada y conducida por la FAME'S Macedonia Orchestra, a cargo del maestro Oleg Kondratenko.

Puedo afirmar que se cumplió uno de mis sueños de la infancia. Desde chico soñaba con presenciar las sesiones de grabación en estudio de una orquesta sinfónica. Les aconsejo que se pongan los auriculares y reproduzcan este soundtrack del mejor modo posible. Para los que vieron la película, será un viaje a una geografía extraña aunque reconocible como el viaje de Julián Lemar. Para los que no la vieron, será adentrarse en las profundidades de un océano desconocido y siniestro. En cualquiera de los casos, siempre será una película en sí misma. Gracias Pablo por haber logrado que Ecos de un Crimen sea aterradora, y por volver a poner a la música en el centro del cine argentino.

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