Problemáticos vs cagatintas


Amo los autos. Considero que algunos de ellos son obras de arte. Soy de entrar a las agencias y detenerme a contemplar una maquina por fuera y por dentro haciéndole perder tiempo al vendedor. Sé que esta mal pero amo los autos. Mi primer auto fue un Fiat 600 italiano cuyas puertas se abrían al revés. Solía hacer locuras con el. De hecho aprendi a manejarlo corriendo verdaderos rallys por encima de la cancha de golf de un country al que odiaba con todo mi alma. Durante mis 50 años de vida tuve todo tipo de autos pero jamas me voy a olvidar de un Mustang naranja y un Camaro dorado. Aún sueño con ellos. En la actualidad, salvo puntuales excepciones, con los autos me pasa lo mismo que con las películas. Casi todos me parecen una reverenda mierda. Jaboneras con faroles led. Y es que la analogía de Ford vs Ferrari ( me niego a llamarla “Contra lo imposible” ) con el mundo del cine es directa e ineludible. Mangold excelente director de joyas como “Copland”, "Walk the line” o “Logan” también ha realizado trabajos absolutamente olvidables. Pero cuando encuentra el proyecto y le permiten o consigue tomar las riendas de su oficio brilla como un gran director que aparte de narrar historias con maestría consigue introducir películas supuestamente clásicas en territorios innovadores, profundos y de resonancias épicas. Casi todas las buenas películas de Mangold son westerns. En todas ellas esta el personaje del outlaw, del renegado, del hombre que intenta luchar contra las reglas impuestas por un orden superior corrompido. “Copland”, interpretado por un brillante y nunca visto Sylvester Stallone, es una clara prueba de ello con uno de los mejores duelos finales de la historia del cine. “Walk the line” es un western sobre un artista que justamente camina por la cuerda floja de los márgenes del arte y “Logan” es sobre el ocaso de un héroe que busca el escape de un mundo cruel hacia una supuesta tierra prometida que habita en las viñetas de un cómic. En las tres películas los personajes luchan contra un sistema cruel e inhumano manejado por corporaciones que solo buscan ganancias : la corporación policial, la industria de la música y los laboratorios genéticos.

En “Ford vs Ferrari”, como hizo Coppola en “Tucker”, Mangold en verdad no habla del mundo del automovilismo sino del mundo del cine pero utilizando como camuflaje a la primera actividad.

Para todos los realizadores que quisimos y todavía queremos hacer películas distintas y que a la vez hemos tenido que hacer otras cosas para lograr el sustento familiar sabemos lo que significa lidiar con las dictaduras corporativas. Para todos esos artistas “Ford vs Ferrari” cobra una dimensión poética y libertaria impensada para una película de genero deportivo.

En este sentido el gran antagonista de Ford vs Ferrari es la propia Ford motor company. Por eso la película debería llamarse “Ford vs Ford”. Ford: una factoría industrial pesada y vetusta manejada por un “hijo de” que nunca llegaría a ser como su padre. El personaje en cuestión es Henry Ford Segundo interpretado por un descomunal Tracy Letts. Durante el reinado de “Deuce”, “Henry II” o “the second” , este no pegaba una y estaba llevando a la ruina a esa gran empresa fundante de la mejor versión del capitalismo , aquel que daba trabajo al obrero para que este comprara los mismos productos que fabricaba y así hacer girar la rueda económica que dio origen a la enorme prosperidad norteamericana. Para mediados de los 60 Enriquito Segundo saltaba de fracaso en fracaso con el espantoso Ford Edsel y profundizaba la catástrofe con el famoso Falcon cuyas matrices nos enviarían a nosotros para tratar de recuperar algo de lo perdido. En el medio de esta estrepitosa caída Lee Iacocca, verdadero y talentoso genio de las ventas, se da cuenta que Ford estaba a destiempo de los tiempos que corrían. Eran épocas de profundos cambios culturales y estéticos, de películas con sexo y autos veloces. Sofia Loren y Porsche pasaban a ser iconos deseados y con la industria del cine de Hollywood de la época sucedía exactamente lo mismo. Por eso es que el dialogo y las analogías entre los autos y las películas son constantes durante toda “Ford vs Ferrari” y así como en el Hollywood de los 60 tras sucesivos fracasos decidieron llamar a los jóvenes barbudos para salvar al cine , Iacocca sugiere que el único modo de salvar a Ford de las garras del anacronismo es convocar al Maverick del mundo de los automóviles : al inmenso Carrol Shelby. Shelby señoras y señores es el padre del Shelby Cobra, uno de los coches clásicos mas bellos jamas construidos y también el responsable que el Mustang dejara de ser un auto de secretaria para convertirse en un auténtico muscle car. Carrol Shelby , el único norteamericano que hacía verdaderos autos deportivos. Puras sangres sin comfort ni puertas. Maquinas para vibrar y llegar a pensar que una vez pasadas las 7000 revoluciones solo queda el hombre y la nada misma. Shelby, un verdadero independiente, tenía su fabrica en un viejo galpón y vendía esas maquinas rústicas y veloces a amantes del mismo espíritu como Steve Mc Queen o Paul Newman.

El objetivo del llamado del héroe en la película es uno solo : construir un auto que pueda ganarle a Ferrari en Le Mans y así capturar el espíritu de la época y que Ford ; una marca de carromatos pesados y viejos, logre vender más autos a los baby boomers. Iacocca no estaba equivocado ni en el diagnóstico ni en el remedio. De hecho así como salvo a Chrysler en los 80 con la invención de la Mini Van, en los 60 consigue salvar a Ford con la creación del Mustang y la asociación de la marca a un concepto deportivo. Pero Iacocca sabe que eso no se puede comprar con marketing y consigue enrolar a Shelby que a su vez consigue convencer al mejor piloto de la época; Ken Miles, para que lo ayude a diseñar, domar y manejar a la futura bestia. Tanto Shelby como Miles intuyen que acá no se trata solo de ganarle a Ferrari sino de vender mas autos y a lo largo de la películas los personajes serán usados, menospreciados, descartados, vilipendiados y vueltos a usar según la conveniencia del marketing y el humor variante del amo y sus súbditos. Ken Miles es el gran héroe de la película al que no sé lo tolera por “problemático”. “Problemático” palabra también muy utilizada en la industria del cine. “Problemático” : adjetivo que alguna vez un renombrado Midas del cine local supo usar para referirse a mí cuando otro productor le comento que quería contratarme para una película. Si me esta leyendo el sabe de lo que hablo y esta bueno que sepa que yo lo sé. De ahí que me haya identificado escena tras escena con el personaje de Miles. Porque el automovilismo y el cine no necesitan de problemáticos sino de obedientes que nunca saquen los pies del plato, que no arriesguen, que acepten ordenes sin importar lo ridículas y suicidas que sean aun a riesgo de llevar todo hacia un inexorable y estrepitoso ocaso. Porque en el mundo de las grandes corporaciones todo se trata de no hacer ninguna jugada de riesgo no sea cosa de perder el punto de engorde. Y esa es la gran piedra en el camino de “Ford vs Ferrari”. El enemigo no es la fuerza que esta en la trinchera de enfrente sino el cobarde que te manda a la guerra sin ninguna convicción y sobre todo aquellos que rodean a ese cobarde. Si hay un personaje magistralmente retratado y que resume todo lo que vengo hablando es el CEO de marketing de Ford; Leo Bebee. He trabajado a lo largo de más de tres décadas en la industria del cine y el cine publicitario y creanme que en cada comercial que he hecho me he topado con un/una Bebee siempre pertenecientes al área de cuentas o marketing de las empresas. Verdaderos enemigos de los cambios y el sentido común. Tipos o tipas que terminas de armar un Jenga de veinte pisos y se dedican a sacarte la pieza fundamental ubicada en la base de la torre con la única intención de hacer que todo se derrumbe. Verdaderos psicopatas que jamas construyen ni crean nada salvo paranoia corporativa y cadenas de miedo. Eso es Bebee y a todo lo que el es y representa se enfrentan Shelby y Miles a lo largo de la película incluyendo los últimos metros del último tramo de la gloriosa epopeya de Le Mans 66. Todos los logros y fracasos se deben a los Bebees del mundo y por esos mismos caga tintas y burócratas en todas las áreas de la vida es que el mundo no avanza. Las grandes epopeyas se deben a los que construyen, a los que crean , a los que inventan, a los que arriesgan y no tienen miedo o tienen miedo y se enfrentan a el. Hay pocos tipos que se animen a dar grandes saltos en el mundo corporativo actual. Mientras escribo esto recuerdo que minutos antes que empiece la película , en la tanda publicitaria, aparece un comercial de Mercedes Benz. Y lo único que vende la pieza es la pantalla interactiva del auto. Elon Musk creador del Tesla y Space X , hombre de riesgo si los hay, dice que lo único que la industria automotriz tiene para dar en los últimos años es vender las apps para las pantallitas interactivas de los jabones que fabrican dado que no tienen otra cosa distintiva para ofrecer. Segundos después de este comercial aparece el trailer de una película y tengo la misma sensación que lo que opina Musk. En el mundo actual ya no hay más lugar para Shelbys ni Ken Miles. Son tiempos de empresarios , artistas y presidentes obedientes y no problemáticos. De eso me parece que trata la película y por eso escribo sobre ella. Ni para contarla ni para decir vayan o no vayan, escribo para contar lo que me paso mientras la veía y lo que me paso mientras la veía fue que sentí mucho orgullo de seguir siendo problemático. Solo eso.

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©2019 por Cristian Mariano Bernard.

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