SOLO FUERON 31

Actualizado: 23 de jun de 2019



Hace unos diez años le recomendé a un amigo ver “La vida de los otros “, mi amigo con cierto desdén me respondió que no le interesaba. Que había escuchado que era tendenciosa. Ahí nomas le dije que no se trataba de propaganda, que la película contaba de modo preciso y magistral el espionaje a los intelectuales de Alemania Oriental durante el régimen comunista. De un modo u otro mi amigo me dio a entender que habían sistemas con justificativos para hacer este tipo de persecuciones y otros que no. He tenido este debate numerosas veces en mi vida sobre diferentes regímenes totalitarios de izquierda y de derecha y siempre las respuestas de ambos bandos son esquivas, relativas y de doble vara. Una vez en una cena de amigos, uno de ellos me llego a retrucar “todas las revoluciones son sangrientas” cuando le argumenté la cantidad de muertos que había dejado determinada dictadura socialista. En la década de los 80 conocí a un amigo exiliado del régimen de Ceaucescu que me narro sus vivencias durante ese período cruento. Las historias eran tan o más siniestras aún que las de la película “La vida de los otros”. Amigos que delataban a un amigo en su fiesta de cumpleaños tan solo porque este último pidió que apagaran la tele durante una cadena nacional del dictador. Matrimonios que paranoicos de ser escuchados se encerraban en el baño de sus casas para hablar de política sumergidos en una bañera sin agua y con la luz apagada. Temor , desconfianza y delación eran el común denominador de todas las anécdotas de su vida en Rumania. El cine muy pocas veces ha retratado el calvario de estos regímenes salvo en casos puntuales de propaganda anticomunista norteamericana y lo ha hecho muy mal y frívolamente estereotipándolo todo. Ahora bien, por que se demora tanto el cine en narrar las atrocidades de la era comunista? Como dice el comediante Bill Burr ; “si Hitler era el Michael Jordan de los hijos de puta, Stalin que mierda era?”. Durante la gran purga y aún durante la segunda guerra mundial mato la misma cantidad de gente o incluso mas que Hitler, pero sin embargo no ocupa el primer puesto en el podio de la maldad. Aclaro que fueron dos tremebundos hijos de puta , solo que uno tiene el reconocimiento que se merece y el otro no. Vaya uno a saber por qué?. Por supuesto que es difícil ver una película de revisión histórica y autocritica bajo la presidencia de Putin , eso no lo espero pero tampoco surgen demasiadas historias sobre este periodo en Hollywood ni en el cine europeo en general. Existe cierta complicidad del progresismo norteamericano y europeo sobre este tema. Como si no quedara bien contar esa etapa. Casi como si uno estuviera haciéndole el juego a los malos al criticar las violaciones sistemáticas a los derechos del otro lado de la cortina. Es como que en esos casos, de pronto, todos se vuelven relativistas culturales y hay que entender de contextos y no hacerle el juego al imperialismo y bla, bla, bla.

No olvidemos que estos estados alcanzaron la utopía y luego no pudieron mantenerla. No sea cosa que con una película vayamos a derribar la mística de todo aquellos años de gloria y felicidad. De esa utopía corroída por la burocracia, el terror y la ineficiencia y de lo miles de muertos tapados con hormigón en fosas comunes para salvaguardar el orgullo del estado soviético trata Chernobyl. Pero la serie trasciende la ideología y habla de cómo los estados sacrifican a sus ciudadanos para tapar sus descomunales errores . Mientras la veía no dejaba de pensar en el ARA San Juan y en los 44 seres humanos sacrificados en el fondo del mar por un estado democrático. O la tragedia de 11 donde el estado intenta explicar que todo es por culpa de un simple motorman, o Cromañón y cada accidente de avión que sucede por una falla en el software o construcción del mismo.

El estado/ empresa, porque ya no se sabe que es que , no importa de que ideología sea, es experto/a en nunca hacerse responsable de sus responsabilidades, de sus negligencias y en su falta absoluta de humanidad a la hora de contener el dolor de los familiares de las víctimas.

La catástrofe de Chernobyl se asemeja a un apocalipsis de dimensiones bíblicas. El núcleo estalla como una fuerza maligna de una película de Carpenter. Y su poder consiste en quemar viva a la gente. En carcomer de adentro hacia fuera hasta convertir en zombies conscientes a todos los seres vivientes de una vasta región de Ucrania. De ahí en mas todo es una cadena de ocultamiento de responsabilidades. De mentiras y miedo. La cadena de obediencia absoluta típica de cualquier doctrina burocrática militar se expande con la misma voracidad y poder que la radiación atómica. Cualquier comentario, cualquier investigación que ponga en duda “el orgullo” del estado merece ser callada , tapada en hormigón. Y allí aparece nuestro héroe homérico. El científico Vladimir Legasov que se enfrenta al poder y a la cadena de obediencia desde el minuto uno en que se entera de la catástrofe. Legasov es un típico personaje de Capra. El buen ciudadano. Un personaje Capriano sumergido en un universo de Kafka. No es un hombre ordinario porque es un sabio, un científico nuclear, una eminencia. Pero a través de los capítulos nuestro hombre se convence que solo hay una forma de poder salvar mas vidas y que esa forma es alcanzar la verdad. Y en este caso , la verdad que descubre Legasov es que además de una cadena de negligencias, el desastre se debe a un elemento típicamente capitalista; el ahorro presupuestario y la elección de un material mas barato : las barras de grafito. Es decir que todo se debe a un factor absolutamente economicista en un sistema que negaba serlo. Y ahí nomas me acorde de ese genial monologo de Ned Beatty en Network sobre el sistema holístico económico mundial. Cuando le explica a un alucinado Howard Beale los principios de funcionamiento del mundo y que hasta los rusos hacen sus planillas de cálculos para obtener ganancias. De algún modo el descubrimiento de Legasov pone al desnudo la farsa del supuestamente infalible sistema. Nadie jamás se atrevió a eso. Y esa decisión acerca de dar a conocer la verdad en una audiencia publica le significaría la peor de las muertes, la muerte social. Y esto determina su elección final. Muchas veces la verdad es mucho mas importante que el prestigio y la vida misma. Porque la verdad transforma, interpela, desenmascara y sobre todo salva. Sobre el final de la serie leemos que el estado soviético solo reconoció 31 muertes por la explosión en la planta cuando se calcula que fueron decenas de miles. Sea la cifra que sea, lo que allí sucedió fue un cataclismo que iniciaría el derrumbe de un sistema vetusto donde lo único que importaba era mantener el status quo de la elite gobernante. Dicho esto, solo puedo decir que Chernobyl es una obra maestra de 5 capítulos y que en cada capitulo hay historias maravillosas como la de los 3 buzos que se sumergen en aguas radioactivas para cerrar una exclusas de la planta , o la de los biorobots o liquidadores de residuos atómicos que realizan una tarea de recolección a sabiendas de que van a la muerte en cuestión de días o la de los tres soldados cuya única misión es exterminar a las mascotas de Chernobyl. Cada uno de estos relatos funcionan como cuentos cortos dentro de una gran novela de horror que los contiene. Y uno piensa que toda esa entrega, todos esos hombres y mujeres envenenados , todos esos héroes fueron enviados a la muerte para que muchos años después la Rusia de Putin desacredite a la serie y digan que harán su propia versión de los hechos. Versión que intentara tapar la verdad con el mismo hormigón que cubrió a los miles de muertos que habitan las profundidades del suelo de Chernobyl.

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